La tarcoteca
martes, 28 de abril de 2026
Llegó la Amerikan Perestroika: El Imperio Estadounidense ha Colapsado e inaugura el Salvaje Oeste Mundial
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viernes, 14 de julio de 2023
Todos los Sueños tienen un Fin: el Colapso de la Economía Keynesiana en 6 gráficas - Charles Hugh Smith
Ahora que la deuda está aumentando más rápido que el "crecimiento", y que el "crecimiento" depende de las burbujas especulativas de activos crediticios, ya se vislumbra el colapso del sueño keynesiano.
1º Abundancia de Energía per Cápita
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| Fig 1 |
2º Abundancia de Mano de Obra
3º Abundancia de Capital Natural [Recursos Naturales]
4º Globalización
Fin de la Ilusión
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| Fig 2 |
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| Fig 3 |
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| Fig 4 |
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| Fig 5 |
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| Fig 6 |
Para Saber Más
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jueves, 6 de abril de 2023
2023: El Mundo cambió en 2 meses frenéticos. USA: Implosión en menos de 5 años
Este movimiento vertiginoso de cambios de intereses geopolíticos lo ordenaremos por continentes a través de algunos de los titulares más importantes; ya avanzamos que no nos ha dado tiempo a recopilar la mayoría. Jamás habíamos visto tal reconfiguración en tan poco tiempo.
Realineamiento de África
Realineamiento de Asiático
Realineamiento de América
Atrincheramiento en Europa
Atrincheramiento en Oceanía
Realineamiento de Asia Occidental
PUÑALADA AL DÓLAR
HACHAZO AL COLONIALISMO
Conclusiones
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jueves, 5 de enero de 2023
La ultraderecha como expresión del colapso en Occidente - Alejandro Pérez Polo
Occidente se dirige a su ocaso, sus oligarquías pierden poder y mercados. Las clases medias, sostenedoras del sistema, menguan. Las cada vez más gruesas clases bajas se ven excluídas tanto del debate como de la política, y finalmente despojadas de bienes y servicios. Es la ultraderecha, en forma de fascismo neoliberalista, y todo el armamento mediático cedido por las oligarquías, quienes se disponen a dirigiran el colapso a golpe de balloneta en nombre de los amos. En muchos casos serán los propios militares quienes tomen el mando.
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1. El crash de 2008: aquí empezó todo
Corría el año 2012. La crisis económica derivada de la gran recesión hacía estragos en Europa. Las movilizaciones populares en España (15M y huelga general de marzo del 2012) y las violentas protestas en Grecia habían contagiado al conjunto del mundo occidental. Llegaron hasta el corazón del imperio: en Nueva York, la ciudadanía se manifestaba en Wall Street a través de Occupy. No había rastro de la ultraderecha en ninguna parte. Ni siquiera en Francia una primeriza Le Pen lograba pasar a segunda vuelta de las presidenciales que se dirimirían entre Sarkozy y Hollande, con victoria socialista.
Se vivía una fase de descomposición ideológica y orgánica del neoliberalismo. Los consensos económicos de la globalización tras la caída de la URSS se habían resquebrajado para siempre. Se terminó la luna de miel que fue desde 1991 hasta 2008, en la que el capitalismo sin cortapisas logró incorporar a todos los países exsoviéticos a su lógica. Una subsunción formal y material del conjunto del globo que tocó a su fin.
Esto se tradujo en una gran crisis de hegemonía que se extendió a todos los estamentos de poder. De esta manera, nadie se libró de la impugnación: crisis de representación, que conllevó una crisis de los partidos tradicionales y la posibilidad de emergencia de nuevas fuerzas políticas. Crisis de los medios de comunicación, que intentaban defender lo indefendible y perdieron la credibilidad ciudadana. Esto allanó el terreno para las fake news que tanto aprovechará la ultraderecha, y también para el surgimiento de nuevos medios. Crisis también de la institución científica por asociarse a aquello público y oficial, que abriría más adelante el campo para la conspiración que tocaría su techo con la pandemia de la COVID-19.
La crisis orgánica del capital dejó abonado el terreno para la irrupción de la ultraderecha, que explotará al máximo todas las derivadas del derrumbe ideológico del edificio neoliberal. Sin embargo, primero fue la izquierda popular la que aprovechó la oportunidad.
En 2012, tras dos décadas de inanición, digiriendo la derrota histórica de la URSS, la izquierda tomó la delantera. Vio el momento y supo conectar tanto con el pulso de la calle como con la propuesta constituyente subsiguiente. Se había aprendido la lección, se habían renovado los manuales, se venía de un periodo de reflexión profunda que permitió afrontar con garantías el nuevo escenario.
Así, en 2015, Tsipras se hacía con la presidencia de Grecia en una victoria electoral inimaginable tras décadas de bipartidismo. En España, Pablo Iglesias y Podemos lograban más de cinco millones de votos (un 20,2% de los sufragios) que, sumados al millón de votos de IU, posicionaban por primera vez a la izquierda del PSOE por encima de la socialdemocracia (6 millones de votos contra 5,5). Sanders hacía temblar los cimientos del Partido Demócrata norteamericano: Hillary Clinton tuvo que tirar de todo el aparato para detenerle. En Italia y Francia, tanto el M5S como Mélenchon empezaban a despuntar en las encuestas. Existió un momento popular liderado por las izquierdas en todo el mundo occidental.
Sin embargo, dos años después, todo había cambiado. La fragilidad del momento popular de izquierdas hizo tambalear unas apuestas valientes que volvieron a las zonas de confort clásicas, puede que impresionadas o intimidadas por su propia fuerza electoral. De discursos que bebían de la hipótesis nacionalpopular latinoamericana (soberanía popular, democratización de la economía y disputa del universal de la nación) se pasó a los clásicos ejes de la izquierda ilustrada de clase media (ecologismo, derechos de minorías, europeísmo). La derrota de Tsipras ante la Unión Europea tras el referéndum contra las draconianas medidas de austeridad fue un duro golpe del que costó mucho volver a levantarse.
En 2017, Trump fue nombrado presidente de Estados Unidos tras ganar a Hillary Clinton. Marine Le Pen lograba pasar a segunda vuelta de las presidenciales francesas, en un primer round contra Macron que se repetiría en 2022. En Italia, la Lega lograba su mejor resultado histórico (un 16%, base de lo que luego será Fratelli d’Italia) y, en España, se empezaba a fraguar el fenómeno VOX, que despertaría con una fuerza poderosa en 2018 (en las elecciones andaluzas). Quedaba el experimento italiano, con el Movimiento 5 Estrellas liderando el ejecutivo con el populismo de la Lega tras una importante victoria electoral, construida bajo la impugnación a las viejas elites económicas y políticas.
El mapa ya había cambiado. Ahora, recién estrenado 2023, la extrema derecha gobierna en Italia tras una aplastante victoria electoral, revalidó la presidencia de Hungría con Orban, así como la de Polonia con Ley y Justicia, VOX se mantiene alrededor del 15% del voto en España, Le Pen consiguió superar el 41% en Francia y se prepara para el asalto al Elíseo en 2027, al igual que Trump a la Casa Blanca en 2024. Una vez más, como en la década 2000-2010, solo América Latina se erige como nuevo faro de las izquierdas en el mundo. Al igual que en aquel momento, sendos liderazgos populares se han hecho con la presidencia de sus respectivos países bajo una apuesta nítida de izquierdas, no alineada con ninguna gran potencia occidental, aunque estén un poco más a la defensiva y con un rearme potente de sus respectivas derechas nacionales.
¿Qué es lo que ha sucedido para que la extrema derecha asuma el mando de las derechas en Occidente?
2. El miedo es la emoción dominante en el declive
La crisis del 2008 lo cambió todo. El derrumbe del sistema financiero americano arrastró al conjunto de potencias alineadas con Estados Unidos, mientras la periferia del mundo (China, Rusia, Brasil, India) daba un paso al frente, aprovechando la fragilidad occidental para seguir creciendo y ocupando mercados. Se empezó a dibujar un realineamiento global debido a la debilidad de Estados Unidos y la fortaleza de los países emergentes. Una nueva arquitectura en ciernes en el que nuevas potencias asumirían un rol protagonista, capaz de diseñar su modelo con una gran capacidad de negociación.
Los declives civilizatorios nunca se dan de un día para otro. Tardan décadas en materializarse. El fin de los consensos neoliberales supuso, en realidad, el fin de la propia creencia en la superioridad del sistema occidental en relación con otros sistemas económicos del globo. La izquierda occidental supo leerlo correctamente en su momento y, por eso, la apuesta radical por un sistema más justo que repartiera la riqueza y cambiara las reglas del juego conectó en aquel contexto destituyente. Todavía había esperanza en poder tomar el poder para transformar las relaciones de dominación.
Sin embargo, los viejos fantasmas suelen emerger cuando todo parece encaminado. Fue el politólogo Dominique Moïsi el que propuso una nueva forma de entender la geopolítica más allá de las relaciones económicas entre países. Según esta forma, aparte de los valores colectivos, hay unas narrativas que configuran los grandes estados de ánimo de las naciones. Así, Moïsi propone hablar de una “geopolítica de las emociones” en la que diversas potencias actúan bajo la influencia de diversos sentimientos: el miedo sería la emoción dominante en Occidente, la humillación en el mundo islámico y la esperanza en Asia.
Esta forma de enfocar los grandes estados anímicos que motivan a los diferentes gobiernos es bastante explicativa de la forma en la que nos enfrentamos a las problemáticas globales. El miedo en Occidente presiona en la dirección de ejecutar políticas más enfocadas a la seguridad y le empuja a estar constantemente a la defensiva en el plano ideológico. Si lo comparamos con la actitud del gobierno chino, por ejemplo, vemos que allí están movidos por la confianza en un futuro prometedor. Están a la ofensiva, movidos por la esperanza en sus propios valores, su sistema y su capacidad de liderazgo.
En Occidente hay miedo: miedo a los refugiados y a un mundo exterior que asoma cada día de forma trágica en las aguas del Mediterráneo. Miedo a Rusia y a las nuevas potencias emergentes. Miedo al cambio climático, miedo a las protestas sociales que ya no se saben gestionar de forma eficiente, miedo a las fake news y los populismos. Miedo, en definitiva, al futuro. Este miedo es el ingrediente principal del que se alimenta la extrema derecha, que ofrece discursos más tranquilizadores estructurados en torno al regreso de los valores fuertes y los Estados dispuestos a guerrear ante las turbulencias de nuestro siglo.
La extrema derecha ya no es futurista como el viejo fascismo italiano o el nazismo alemán, que prometía la gloria de un Tercer Reich. La extrema derecha es reactiva y busca, sobre todo, apaciguar los miedos derivados de las angustias existenciales que atraviesan el conjunto de Occidente. Sin una izquierda capaz de hacerse cargo de esas angustias existenciales, el terreno estará abonado para sus sucesivos triunfos electorales.
La ultraderecha no ha surgido contra la democracia “burguesa” o liberal. No están abandonando ningún barco sino asumiendo el mando. La compatibilidad de Meloni con la UE y la OTAN demuestra que la ultraderecha no está opuesta a las elites europeas, sino que son su expresión más recalentada. Aspiran a hacerse cargo de los miedos que las viejas derechas liberales ya no pueden afrontar. Aspiran a refundar en clave cristiana y civilizatoria Europa, para protegerla de las amenazas que la acecharían.
Es en este punto donde encuentran un gran tirón entre los electorados y una gran fortaleza en su hipótesis. A diferencia de muchas izquierdas populistas, las expresiones de ultraderecha apenas retroceden electoralmente desde que irrumpieron en la arena política porque se inscriben en un zeitgeis [espíritu de la época]t: son la expresión más nítida del colapso civilizatorio derivado de la crisis de 2008 y la pérdida de posiciones de Occidente en el mundo.
El primer gran nudo para desentrañar la fuerza política y discursiva de la ultraderecha radica en estos elementos geopolíticos, emocionales y políticos. Pero no es el único nudo. Hay otro que es prioritario abordar: la expresión de las clases trabajadoras excluidas del discurso público.
3. La distancia sentimental de las izquierdas con el pueblo
Cuando en Francia surgieron los chalecos amarillos, una protesta social con una envergadura enorme, mucha gente en la izquierda tuvo una desconfianza intuitiva contra aquellos “hombres” de las “provincias” que se movilizaban contra el impuesto al diésel. Esa misma desconfianza se percibió cuando los camioneros españoles hicieron un parón contra el gobierno de coalición en marzo de 2022 por las subidas del precio de la gasolina. Se les acusaba de estar instrumentalizados por la extrema derecha, en lugar de conectar emocionalmente con sus demandas (una justa reivindicación [patronal] contra una escalada imposible de los precios [paro patronal, no huelga obrera]).
Durante la última década, se ha ido inoculando un odio creciente contra las clases populares tanto en España como en el resto de Occidente. Esta estigmatización, perfectamente descrita en el fenomenal Chavs de Owen Jones, ha ido derivando en una demonización completa. Los obreros son representados como una panda de machistas y racistas. Lejos de combatir estos arquetipos, gran parte de la izquierda ha asumido como propios esos clichés. Muchas expresiones populares son sospechosas. De hecho, los ataques contra lo que se ha denominado “rojipardismo” están estructurados bajo esos prejuicios. El “rojipardismo” sería toda aquella “izquierda rancia” que no asume como propios los avances del feminismo o de la lucha contra el racismo (multiculturalismo).
En el intento de alinear la izquierda con las elites realmente existentes, el disciplinamiento discursivo ha venido del lado de la supuesta sofisticación de los postulados verdes, liberales y de tolerancia con lo diferente. Estas ideas políticas, presentadas como el sumun de la cultura, se postulan como un estadio más avanzado de lo humano. No hay análisis sobre los sesgos de clase de estas ideas urbanitas, pero operan con fuerza en los discursos mainstream.
La globalización creó ganadores y perdedores. Hoy, estamos en una fase que Esteban Hernández describe como de desglobalización, acentuada por la guerra de Ucrania, pero hay una parte de las elites y de las clases medias que siguen apostando por disolver las soberanías nacionales, convencidas de que la UE es el mejor horizonte posible. Así, una facción ilustrada de la clase media (periodistas, académicos, personas pertenecientes a las profesiones liberales y una parte del funcionariado) cree en una alianza con las elites globalistas. Mira hacia arriba por el vértigo que le produce mirar hacia abajo, hacia ese abismo de precariedad y pobreza del que forman parte más del 35% de nuestro país. Esa facción de la clase media en desaparición confía en ser incluida en las mieles del progreso de las elites y le tiene un pánico terrible a quedarse excluida, en la periferia del progreso.
¿Quién se hace cargo de los malestares, anhelos y voces de los de abajo si las clases medias ilustradas renuncian a aliarse con ellos? Pues es la ultraderecha la que aprovecha el flanco. La ultraderecha logra unificar a los excluidos por arriba (esas elites nacionales que fueron excluidas del globalismo) y a los excluidos por abajo (los perdedores de la globalización) bajo un único eje.
Tal como explica el geógrafo y ensayista francés Christophe Guilluy, las clases dominantes se postulan como la fuerza positiva del progreso, las únicas herederas de la mejor tradición de la cultura occidental (pureza) y las clases populares dejan de ser una referencia cultural positiva como ocurría antes de los años 80, pasando a ser las perdedores y fracasadas del sistema, culpables de su propia miseria y atraso político-moral. La desaparición de la clase media, para el francés, inaugura una nueva era en la que los de arriba se desentenderán de los de abajo, a los que condenarán a un ostracismo cultural y moral. De esta manera, las clases populares quedan excluidas como sujeto activo con voz propia.
Este quiebre entre el mundo de arriba y el mundo de abajo provoca, al mismo tiempo, que los expulsados de la sociedad (las clases populares) construyan sus propios relatos impermeables a los relatos de las clases dominantes. De aquí surge el populismo, como un regreso al pueblo, un intento de reconstruir la sociedad rota por la escisión de las elites. Sin embargo, este populismo puede bascular de un cierre autoritario (ultraderecha) o una apertura democrática (republicana).
Para que la expresión popular no sea monopolizada por la ultraderecha ni se reconduzca hacia lugares tenebrosos, es necesario volver a situar el bien común y la idea de pueblo en el centro de las políticas y los discursos. Recuperando el lenguaje popular y situando en positivo los valores de la comunidad. Una tarea importante es salirse de los juegos moralistas que las elites instrumentalizan para estigmatizar a las clases populares, para volver a situar la referencia cultural en las expresiones que vienen de abajo. Afirmando un proyecto propio que no se subordine ni a las viejas elites nacionales, ni a las nuevas elites globales, sino que asuma el mando de las alianzas interclasistas.
La ultraderecha es una expresión del colapso de Occidente. Hoy, es necesario hacerse cargo de este colapso si se quiere una solución democrática y popular a las sucesivas crisis. De la misma manera, hacerse cargo de las angustias existenciales que este colapso está provocando entre las mayorías sociales (miedos y malestares profundos), recogiendo en positivo una nueva expresividad que aspira a refundar la idea de pueblo ante la fragmentación y disolución de lo social propuestas por las elites. De otra manera, la ultraderecha seguirá conquistando espacios políticos, sociales y culturales, acumulando más victorias electorales. En nuestras manos está no permitirlo.
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martes, 6 de septiembre de 2022
Por el "Camino de la Recesión" y el Colapso económico. La "Relación Especial" de Gran Bretaña y Estados Unidos
Traducción tarcoteca - <On the "Rocks of Recession" and Economic Collapse. Britain's "Special Relationship” with America> - Global Research 2.9.2022 por Brett Redmayne-Titley
Con la economía británica despeñándose por el camino de la recesión, las métricas de la “relación especial” de 40 años del Partido Conservador con Estados Unidos demuestran que esta relación ha sido una infección transmitida por otro virus estadounidense diseñado. El declive terminal de hoy refleja la decadencia económica, política, social y moral de Estados Unidos.
¿“Relación especial”, según tú?
Con Reagan se perdió lo que quedaba de cabeza
Los Enterrarores británicos
Siniestras similitudes de un sistema colonialista
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miércoles, 24 de agosto de 2022
Agenda Decrecentista Occidental: Algo se avecina geopolíticamente, y es mejor que comencemos a tomarlo en serio - Global Research
Como resultado de la acción colectiva de los gobiernos occidentales bajo los auspicios de una agenda de "cambio climático", estamos en la cúspide de que suceda "algo" con ramificaciones que nadie ha previsto.
Los gobiernos occidentales, específicamente Europa occidental, América del Norte (EEUU-Canadá) y Australia/Nueva Zelanda, están tratando intencionalmente de reducir la actividad económica para enfrentar la caída intencional en la producción de energía.
Esta es la consecuencia central de la agenda Build Back Better BBB promovida por el Foro Económico Mundial.
Quien diga que existe un punto de referencia para determinar las consecuencias, tanto a corto como a largo plazo, miente. No hay precedente de que las naciones intenten colectiva e intencionalmente reducir la actividad económica.
Un bloque dividido por Políticas Económicas divergentes
Escondiéndose detrás de la falsa justificación de que la inflación actual está impulsada por demasiada demanda, los bancos centrales de Europa, el Banco de Inglaterra, el Banco de Canadá y la reserva federal de EEUU están elevando las tasas de interés. El resultado que estamos sintiendo actualmente es una contracción económica intencional y una recesión global.La política monetaria Build Back Better está reduciendo con éxito la actividad económica occidental; sin embargo, las naciones afectadas que producen bienes para los mercados de América del Norte y Europa, específicamente el sureste de Asia, Japón y China, no están aumentando las tasas de interés en un esfuerzo por compensar la caída de la demanda. China ha anunciado que bajará los tipos de interés de su banco central en un esfuerzo desesperado por reducir los costes y mantener en funcionamiento su economía dependiente de las exportaciones.
Debajo de todo esto, subyace una caída en la producción de energía en las mismas naciones que intentan reducir la actividad económica.
Gestión dirigida por think-tanks
Más allá de los aumentos masivos en los costos de la energía, que es la verdadera fuente de la inflación y un resultado directo/intencionado del esfuerzo de BBB, Europa se enfrenta ahora a un invierno que se avecina sin los recursos energéticos para calentar los hogares y sostener a las personas. Las cosas van a ser muy incómodas en Europa este invierno, ya que ahora se pronostican escandalosos apagones.
Mientras el occidente colectivo intenta, usando sus palabras, “gestionar la transición”, no dispone de mecanismos para controlar un resultado de esta magnitud. Es simplemente una situación demasiado grande para manejar. Cuando la teoría se pone a prueba en el mundo real, los grandes pensadores de grupos de expertos e ideólogos del cambio climático no tienen la capacidad de gestionar una transición y satisfacer las necesidades de las personas a la vez. Más allá del pensamiento esotérico, hay consecuencias reales de estas acciones.
Implosión de la Globalización neoliberal
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sábado, 20 de agosto de 2022
8 puntos en la "Estrategia para construir un Pueblo Fuerte, Más allá del colapso o del ecofascismo" de José Luis Carretero
José Luis Carretero Miramar es un ya histórico compañero anarquista de CNT dedicado al estudio y lucha social, y a la dibulgación política, desde hace más años de los que puedo recordar.A raíz de las convulsiones vividas en los últimos años, y las que se precipitan en lo inmediato, se observa la necesidad de un Frente Amplio que aglutine a la izquierda para soportar los envites que nos tienen preparados los fascistas para los próximos años.
La propuesta Operativa Libertaria de Jose Luis podemos denominarla Pueblo Fuerte, y se articula entorno a 8 puntos. Con sus propias palabras:
<<1.-En primer lugar, la base de la estrategia es la inserción social, la construcción de un pueblo fuerte. Para transformar el mundo hay que organizar a las clases populares, articularlas, empoderarlas. No sirve con una vanguardia esclarecida pero alejada de las masas, ni con sustituir al pueblo por los departamentos de márketing político o las élites intelectuales. La transformación implica insertarse en las luchas de las masas, impulsar su iniciativa, su autoorganización. Moverse entre ellas “como el pez en el agua”.
2.-En segundo lugar, el objetivo político fundamental es “ganar población”, como decía Abraham Guillén. Aliarse con los sectores populares, convencer a los trabajadores. La “guerra de posiciones” es un absurdo conservador en el tiempo de las “guerras híbridas”. La participación expandida de los seres humanos es el objetivo y la principal fuente de energía. No se trata de hacer “personal branding”, se trata de crear redes de autoorganización de personas reales.
3.-La mejor forma de convencer a alguien de algo es con las orejas. Escuchar a las masas es iniciar procesos de amplio diálogo con los trabajadores y trabajadoras, con los habitantes de los barrios, con los y las cooperativistas y autónomos/as. Impulsar procesos de encuesta obrera y debates abiertos en los barrios, centros de trabajo e instituciones culturales y educativas. Investigar cuáles son los problemas inmediatos en los barrios y pueblos y los obstáculos reales y locales que limitan nuestra actividad. Desarrollar talleres y dinámicas de grupo para promover la autoexpresión y clarificación de los deseos de los trabajadores y trabajadoras. Menos clases magistrales de académicos en pleno proceso de “personal branding” y más investigación colectiva y participante de lo que está ocurriendo.
4.-La construcción de un pueblo fuerte ha de impulsarse en los espacios naturales de socialización, es decir, en el trabajo (asalariado, autónomo o cooperativo), en el barrio o municipio y en la familia (extensa). Son los espacios de los que todos y todas participamos, querámoslo o no. Retirarnos de ellos para construir burbujas en torno a ideas abstractas es una vía directa a la difusión del sectarismo, la fragmentación y las luchas cainitas. No nos vamos a poner de acuerdo sobre las formas de la abolición del Estado, sobre las dinámicas de la “subsunción real” o sobre “que vendrá tras la crisis ecológica terminal”. Pero nos podemos poner de acuerdo para intervenir en los espacios naturales de socialización impulsando dinámicas reales y concretas de autogestión, reapropiación de nuestras vidas y adaptación ecológica.
5.-El trabajo es el espacio del sindicalismo combativo y el cooperativismo consciente. El sindicalismo de combate debe expandir y reforzar sus coordinaciones locales (como el Bloque Combativo y de Clase, en Madrid, o la Taula Sindical de Catalunya), estructurar y difundir dinámicas de solidaridad con las luchas de otros centros de trabajo más allá de las siglas, buscar maneras de reconducir las fracturas (o, más bien, lejanías muchas veces inconscientes) generadas por la diversidad cultural del Estado y el “patriotismo de organización”. Multiplicar las cajas obreras de resistencia en sus distintos modelos. Impulsar medios de comunicación del conjunto del movimiento obrero y aceptar participar en los debates que se planteen en otras organizaciones.
Por otra parte, se deben constituir “Consejos Productivos Locales” en los que estén representados los sindicatos combativos, las redes de economía social, los centros sociales, las plataformas en defensa de los servicios públicos y las organizaciones de parados y migrantes. La función de estos Consejos es investigar la estructura productiva local, las vías de expansión de la actividad autogestionaria e impulsar la solidaridad entre los distintos pilares de una nueva, pero real, economía social, ecológica, feminista y bajo control de los trabajadores y vecinos.
En el campo, habría que construir organismos comarcales y regionales de coordinación de los sindicatos de trabajadores agrarios, las iniciativas autogestionarias y las comunidades y ecoaldeas. Generar bancos comarcales de recursos (semillas, maquinaria, trabajo voluntario, etc.) para coordinar dinámicas de apoyo mutuo.
6.- En barrios y municipios habría que impulsar asambleas vecinales recurrentes, articular redes de centros sociales e iniciativas culturales, experimentar con mecanismos de financiación colectiva (cooperativas de crédito, banca ética, redes de apoyo mutuo…). Federar y sostener las plataformas de defensa de los servicios públicos, impulsando la investigación de alternativas de gestión comunal-comunitaria, con participación de los trabajadores y usuarios. Defender la remunicipalización de los servicios privatizados. Impulsar el tejido económico autogestionario y cooperativo local mediante la creación de Mercados Sociales. Crear medios de comunicación centrados en el entorno. Ya sabemos que todo esto ya se hace, en una medida u otra, se trata de impulsar la articulación de las experiencias, conformar redes aún más amplias, ligarlas al mundo del sindicalismo y de la lucha ambiental, construir una trama organizada de pueblo en movimiento.
7.-Defender la familia libre y extensa, es decir, superar la deriva a una vida individual aislada y a la familia nuclear (egoísmo a dos) que ha promovido el capitalismo. El feminismo tiene mucho que decir sobre esto. Primos y primas, amigos y amigas, examantes, hijos e hijas, parejas en todos los modelos, comunidades de convivencia, vecinos y vecinas…tramas, diálogos, riqueza de relaciones, apoyo mutuo. Rehacer la familia desde un modelo rizomático en resistencia frente al aislamiento y el autoritarismo. Debatir sobre esto, multiplicar las iniciativas de apoyo mutuo, exigir ayudas sociales para los nuevos modelos de familia y de convivencia. Abrir espacios autogestionados para el bienestar de los menores y dependientes.
8.-Y, sobre todo, contar lo que hacemos. Hablar de ello. Hacer Congresos y Encuentros de la economía popular, el sindicalismo combativo y las iniciativas territoriales. Impulsar los medios de contrainformación. Desbordar el mundo de las organizaciones estructuradas entorno a ideas abstractas y contaminarnos mutuamente desde la práctica de masas. Caminar hacia un gran Congreso del Pueblo, como doble poder, productivo, sindical y territorial, capaz de construir un futuro que convierta al previsible colapso del capitalismo en el inicio de una sociedad del común y la libertad.>> 17-8-2022 Kaosenlared
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Para Saber más
La Anarquía y sus Aliados: el 'Frente Unido' y 'Agrupación de Tendencia' 10.1.2022
La Estrategia Revolucionaria de "los Tres Frentes" y su organización - La Revolución Posible 13.5.2017
Luchamos sin Retaguardia en un Mundo sin Medios. Por un Anarcosindicalismo Cooperativista 16.12.2016
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