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sábado, 14 de diciembre de 2019

La Escuela de las Américas: la fábrica de dictadores y el Fortress América

La Escuela de las Américas: la fábrica de dictadores y el Fortress América
A los europeos les hace gracia, y  hasta se ríen de nuestras compañeras sudamericanas, al recordar la historia de golpes de estado y represión que han sufrido durante toda su historia. Como si se tratase de países pusilánimes habitados por gente débil e ignorante que acepta su destino en este valle de lágrimas. Nada más lejos de la realidad.

Los esfuerzos necesarios para movilizar y mantener un ejército en contra de sus intereses nacionales son ingentes. Fruto de ellos es la Escuela de las Américas, "el eje de la política exterior de los Estados Unidos", actor imprescindible y muchas veces suficiente para mantener el aparato en sudamérica. 


El dinero gastado en represión y sobornos son cuantiosos. Ahora que el imperio declina, declina también su poder, sus agentes se descubren y sus complots se neutralizan, corriendo el riesgo de perder el poder de las fuerzas militares de muchos de sus vasallos, sin duda su mayor miedo.

La estrategia es bien simple: el corazón de todo estado reside en la fuerza bruta, y ésta es ejercida por las fuerzas armadas, de modo que quien las controla es capaz de dominar el país gobierne quien gobierno y suceda lo que suceda. Para ello son necesarios tres elementos: adoctrinar a los mandos, formar y pertrechar a los ejércitos y sobornar a los políticos. El objetivo es eliminar a los opositores por cualquier método. Una estrategia perfectamente orquestada por la potencia del momento para sostener una red de poder favorable a sus intereses que le permita extraer la máxima riqueza de estos países a cambio de su mínimo desarrollo. Una maquinaria capaz de actuar a nivel internacional de forma coordinada de modo que los distintos pueblos, aislados, sean incapaces de defenderse o unirse para hacer fuerza. Que coopta a las élites políticas, económicas, sociales y militares de todos los países sudamericanos para golpear como un solo cuerpo a miles de comunidades aisladas y sin sentimiento de unidad o de la solidaridad. La estrategia se enmarca dentro de la doctrina Monroe en la que se considera que sudamérica es el espacio de influencia natural de EEUU y el Fortress america, una doctrina de repliegue sobre el continente, aislamiento de relaciones y autoabastecimiento en caso de 'desavenencias' en el plano internacional.

El Plan Condor en los 70 fue la culminación de todas sus maquinaciones de la escuela. Sudamérica se convertía en una federación de dictaduras coordinas por Estados Unidos. El mismo plan fracasó debido a la corrupción interna y la fuerte oposición popular externa generada incluso a nivel mundial. Después de la experiencia sus medios se sofisticaron, se incluyeron nuevos elementos de apaciguamiento y control social, se adoptó la guerra híbrida, mientras continuaron los golpes de estado ininterrumpidamente hasta ahora. Los levantamientos ocurridos en los últimos meses en Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Nicaragua, Puerto Rico, han vuelto a poner en el foco a esta maldita escuela de criminales debido al uso indiscriminado que los gobiernos títere han hecho de sus fuerzas armadas, tanto que ya se habla de una operación condor 2.0.

Si los fascistas no buscan la mejora de sus naciones porque favorecen al imperio; ni la supremacía de su raza porque oprimen a sus semejantes; ni la supremacía de sus religiones, ya que les da igual que esta sea cristiana, judía o animista en cualquiera de sus facetas; ni el beneficio económico, ya que les sería más favorable la explotación de sus propios recursos en vez del actual extractivismo ... ¿Qué es lo que realmente buscan? La Universidad de Mal ha seguido formando a los cuadros fascistas del continente y lo seguirá haciendo hasta que alguien les pare para asegurar un solo objetivo: la salvaguarda de los intereses de Estados Unidos.

"La Escuela de las Américas. Escuela de asesinos."


Historia


Basada en el artículo - The School of the Americas - Global Research 9.11.2019 por Larry Romanoff

Una parte integral de la brutal colonización de las naciones subdesarrolladas por Estados Unidos es la poco conocida "Escuela de las Américas" del Ejército de los EEUU, Ubicada en Fort Benning, Georgia, que entrena a oficiales militares y soldados latinoamericanos para subvertir sus gobiernos y matar la esperanza en sus propios países.

Esta llamada 'universidad', también conocida como la "Escuela de Dictadores", ha producido miles de deshonrosos graduados vinculados al terrorismo, la tortura, las masacres y los 'escuadrones de la muerte' militares. Inicialmente, los Estados Unidos situaron la escuela en Panamá, pero en 1984 se trasladó a la base del Ejército de los Estados Unidos en Fort Benning, Georgia [Integrada en el complejo militar conocido como Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad WHINSEC]. Generalmente se considera como la principal base de Estados Unidos para la continua desestabilización de América Latina, aunque el Congreso de los Estados Unidos se apresuró a señalar que "la capacitación en derechos humanos es parte del programa de la Escuela de las Américas" (1) (2).

En 1988 se llevó a cabo una comisión de investigación en el Congreso, impulsada por un artículo aparecido en The New York Times, titulado “Testifying to torture”, en el que se denunciaba la formación a militares hondureños en los EEUU en métodos de tortura. Los responsables de la CIA reconocieron que se había promovido el uso de “presiones psicológicas”, pero se negó que se animara a la tortura física. el mundo 2009
En 1991, una investigación oficial reveló la existencia de manuales de entrenamiento en español dentro de la escuela que recomendaban el uso del soborno, la extorsión, la amenaza y la tortura contra insurgentes. La Nación 1999

1994. Los manuales fueron desclasificados por la CIA. Uno de los más celebres fue el manual de tortura KUBARK. En él se describe el proceso de tortura mediante descarga eléctrica.

En septiembre de 1996, bajo una intensa presión pública, el Pentágono se vio obligado a publicar los manuales de capacitación de la escuela, en los que se descubrió que se explicaban métodos de tortura, extorsión, chantaje, asesinato y ataque y represión a las poblaciones civiles. Según un artículo del Washington Post en ese momento:
"Utilizado en cursos de la 'Escuela de las Américas' del Ejército de los EEUU, el manual dice que para reclutar y controlar informantes, los agentes de contrainteligencia podrán usar el miedo, el pago de recompensas por enemigos muertos, palizas, falsas detenciones, ejecuciones y el uso del suero de la verdad".
...el contenido de siete de estos manuales, conocidos como "Proyecto X", finalmente se hizo público, lo que llevó al New York Times a comentar: "Los norteamericanos pueden ahora leer por sí mismos algunas de las nocivas lecciones que el ejército norteamericano ha estado enseñado a miles de latinoamericanos". La Nación 27.11.1999

En la década de 1990, hubo extensas investigaciones que expusieron las prácticas de la "escuela" y sus conexiones con brutales dictadores, pero los esfuerzos para cerrar la escuela fueron en vano y rara vez es mencionada en los Estados Unidos hoy.

Funcionamiento


Alrededor de 2,000 estudiantes son reclutados cada año por el ejército americano en países de América Latina, y más de 60,000 se han graduado desde que abrió la escuela.

El plan de estudios incluye cursos de guerra psicológica, contrainsurgencia, técnicas de "interrogatorio mejorado", tortura, represión civil y asesinato.

Presentado con las técnicas más sofisticadas y actualizadas por los mejores instructores del ejército de EEUU, Estos cursos enseñan a oficiales militares y soldados de países del Tercer Mundo a subvertir la verdad, silenciar a líderes sindicales y periodistas, aterrorizar al clero y hacer guerra contra su propia gente. (3)
- Se los prepara para someter las voces de la disidencia y hacer que los manifestantes se sometan.
- Se los instruye en 'técnicas de marginación' de los pobres, los hambrientos y los desposeídos.
- Se les dice cómo 'acabar con la libertad' y aterrorizar a sus propios ciudadanos.
- Se les entrena para 'destruir la esperanza de su pueblo' en un buen gobierno.

Resultados


El impacto de estos graduados en la libertad latinoamericana ha sido devastador. Disciplinados con entrenamiento sofisticado, armas modernas de los EEUU y técnicas actualizadas de control y vigilancia, los graduados de la SOA han aterrorizado a sus propios países durante demasiadas décadas.

Cuando regresan a sus países de origen, estos llamados 'graduados' ahora consideran a los sacerdotes, trabajadores sociales, periodistas e intelectuales como subversivos, peligrosos para el sistema que mantiene a los dictadores y a sus patrocinadores estadounidenses en el poder.

Los graduados de la SOA han estado entre los tiranos más represivos de América Latina, y sus acciones han sido algunas de las más crueles y violentas. Por lo general, los países con los peores registros de derechos humanos envían la mayor cantidad de soldados a esta escuela.

En todos los países de América Central y del Sur, los "graduados" de esta "escuela" estadounidense han cometido innumerables asesinatos y masacres, especialmente de mujeres y niños, canicerías, asesinato por tortura y "desapariciones". Durante muchas décadas, estos dictadores entrenados por Estados Unidos han asesinado a su propia gente en medio de una corriente constante de brutal represión y guerra civil. Todo diseñado para aclimatar a estas naciones al libre saqueo de las multinacionales estadounidenses.

Estos dictadores terroristas patrocinados por Estados Unidos fueron entrenados para derrocar a los gobiernos legítimos en sus países, se les suministró dinero y armas para hacerlo, y luego fueron fuertemente apoyados por los Estados Unidos. La educación que recibieron fue torturando y aterrorizando a su población, y obedeciendo los intereses nacionales estadounidenses al permitir que las compañías estadounidenses saqueen sus naciones.

En un caso famoso, la llamada guerra sucia en Argentina, estos "líderes democráticos y amantes de la libertad" entrenados en Estados Unidos, arrestaron a miles de civiles por oponerse a la brutalidad de la dictadura de Videla. Volaron el avión a 3.000 metros y arrojaron a las personas al final, todos cayeran al océano.

Todos son enemigos acérrimos de los derechos humanos, y muchos organizaron los famosos "escuadrones de la muerte" patrocinados por la CIA, que patrullaban por estas naciones masacrando personas por decenas de miles. La situación es aún peor cuando consideramos la ahora ampliamente disponible información de que, desde la época de la guerra de Vietnam, la CIA financió gran parte de esta actividad mediante el tráfico de cocaína, opio y heroína, importando gran parte de ella a los Estados Unidos para venderla a los traficantes de drogas de la mafia .

Los estadounidenses que condenan el terrorismo mundial, la tortura y el abuso de los derechos humanos, deberían condenar a su propio gobierno en lugar de criticar a otras naciones. Para empezar  podrían comenzar a exigir el cierre de esta abominable Escuela de las Américas.

Pero en un ejemplo bastante despreciable del periodismo, la revista Newsweek publicó un artículo que contenía un asombroso blanqueamiento de esta escuela. El artículo enumeró algunas atrocidades, pero afirmó que "las manzanas podridas de entre los alumnos no han echado a perder todo el cesto". Según Newsweek, estos dictadores simplemente "absorben los valores y la cultura estadounidense" al asistir a juegos de béisbol e ir a Disneylandia.

Se les está enseñando a limpiar minas terrestres y a resistir la tentación de saquear los tesoros de sus naciones, y están aprendiendo todo sobre la libertad, la democracia y, por supuesto, los derechos humanos. Pero no realmente. Lo único que ven la mayoría estadounidenses son los artículos de propaganda blanqueados, y en ellos descartan las pocas atrocidades mencionadas como aberraciones por "unas pocas manzanas podridas". Solo recuerdan los comentarios positivos y continúan creyendo que su gobierno y su nación son los defensores mundiales de la libertad y los derechos humanos.

En realidad, los Estados Unidos honran a los graduados de esta escuela que han alcanzado los rangos superiores en sus ejércitos. El Departamento de Estado y el Pentágono seleccionan cada año a los generales latinoamericanos para ser miembros de un "Salón de la Fama". Ha habido muchos gritos para cerrar esta escuela cuyos programas cuestan casi $ 50 millones por año, pero el Pentágono aparentemente no tiene intención de cesar sus operaciones.

Como dijo un oficial, “Si los estadounidenses quieren opinar sobre cómo se deben comportar las naciones, tienen que sentarse a la mesa. Lo que esta escuela hace es darte un asiento en la mesa con los ejércitos de América Latina".

La escuela le permite al gobierno de los Estados Unidos "decir" sobre cómo se deben comportar estas naciones, ya que es aquí donde no solo están entrenado sicarios en la represión civil y la tortura, sino que a demás se les enseña a obedecer a los Estados Unidos en todo y a ceder gratuítamente el control a las multinacionales estadounidenses para saqueen sus propios países, a cambio de poder político y amplias herramientas militares de alta tecnología.

Infames Graduados 


Entre los graduados más reconocidos por sus crímenes y a la vez responsabilidades nacionales, se encuentran importantes instigadores de crímenes de guerra o contra la humanidad, algunos de ellos también relacionados estrechamente con las bandas organizadas de narcotráfico o la CIA estadounidense. Prácticamente todos los dictadores sudamericanos:

1 Militares

- Elías Wessin y Wessin, coronel y comandante dominicano, líder del golpe de estado que derrocó al presidente democrático Juan Bosch en 1963.
- General Manuel Noriega, responsable de un gobierno militar en Panamá, y antaño colaborador de la CIA, actualmente en una prisión de los Estados Unidos por su estrecha relación con el narcotráfico.
- General Hugo Banzer, responsable del sangriento gobierno militar de Bolivia en 1971 y de la consiguiente dictadura, que duró hasta 1978, admitido en 1988 en el Hall of Fame (literalmente, 'Salón de la fama') de la escuela.
- Roberto D'Aubuisson, graduado en 1972 y justo después parte del servicio de inteligencia de El Salvador, acusado como líder de un escuadrón de la muerte entre otros delitos; fundador del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), principal partido de Derecha en El Salvador.
- General Héctor Gramajo, ex ministro de Guatemala, autor de políticas militares genocidas en los años ochenta.
- General Roberto Eduardo Viola promotor de un golpe de estado en Argentina en 1976.
Juan Ramón Quintana, actual ministro de la Presidencia de Bolivia.
- Leopoldo Fortunato Galtieri, comandante en jefe, precursor de la Guerra de las Malvinas (1982), líder de la Junta Militar de Argentina en que supervisó desde 1981, los dos años finales de la «guerra sucia», donde se torturaron decenas de miles, quizás más de 100.000 personas, y posteriormente unas treinta mil de ellas asesinadas y desaparecidas por su supuesta o no disidencia con el régimen.
- Efraín Ríos Mont, general, autor de un golpe de Estado en Guatemala en el 1982 y jefe de la dictadura dictadura entre 1982 y 1983 como presidente de facto. Considerado uno de los representantes más duros de los gobiernos militares de Centroamérica4​5​6​ fue juzgado y fue encontrado culpable en Guatemala por genocidio, sin embargo la sentencia fue anulada por fallos durante el procedimiento del juicio; mismo que no pudo ser concluido debido a su muerte.7
- Vladimiro Montesinos, abogado, capitán, colaborador inicial de la CIA, responsable durante el polémico gobierno de Alberto Fujimori del servicio de inteligencia de Perú, acusado de represión política, incitar un golpe de estado y de amasar una gran fortuna por sus estrechas relaciones con el narcotráfico, así como de vender armas al grupo rebelde de Colombia; las FARC; obtenidas mediante sus conexiones con altos funcionarios del gobierno jordano. También es conocido que Montesinos como asesor de Fujimori regento y aplico las doctrinas de la Escuela de Las Américas para el control de masas. Fue el nexo entre el gobierno de Estados Unidos y Fujimori para obedecer las órdenes dictadas por el gobierno norteamericano.
- Antonio Noriega Moreno, fue dictador militar entre 1983 y 1989, cuando fue apartado del poder por los propios Estados Unidos que lo pusieron en el poder durante la invasión a Panamá.
- Santiago Martin Rivas, agente de inteligencia y jefe del grupo de aniquilamiento «COLINA» que realizaba asesinatos y actos de guerra sucia, dentro de la estrategia de guerra de baja intensidad desarrollada durante el gobierno de Alberto Fujimori por encargo del gobierno de Estados Unidos y supervisada por Vladimiro Montesinos Torres.
- Manuel Contreras, cabeza de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), máximo organismo de represión del gobierno de Augusto Pinochet en Chile y condenado por múltiples causas de violaciones a los derechos humanos en Chile.
- Romeo Orlando Vásquez Velásquez, militar hondureño, actual jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras participó en el golpe de estado al presidente José Manuel Zelaya Rosales el 28 de junio de 2009.
- Ollanta Humala, presidente de Perú entre 2011 y 2016.

2 No militares


- Luís Posada Carriles
, anticastrista, acusado de haber cometido varios actos de terrorismo. Carriles asisitió a varios cursos sobre explosivos y en el año 1961, pero no llegó a graduarse.

- Heriberto Lazcano Lazcano, alias "El Verdugo" o "Z-3", es considerado por la Procuraduría General de la República, en México, como el jefe de Los Zetas, una organización criminal mexicana, cuyo principal negocio es el secuestro, el robo de autos, el homicidio, la extorsión y el tráfico de droga. Se formó a partir de un grupo de militares que desertaron del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), del Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales (GANFE) y de la Brigada de Fusileros Paracaidistas (BFP) del Ejército Mexicano, fundados en 1994 con motivo del levantamiento zapatista de Chiapas.

Cronología

- 1946. Centro de Entrenamiento para Latinoamérica. División de Tierra. Latín American Training Center. Ground Division

Esta iniciativa surgió en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional en Fort Amador, Zona del Canal de Panamá. Su misión principal ha sido servir de instrumento para preparar personal militar de las naciones latinoamericanas que cooperen con los Estados Unidos en contrarrestar la influencia creciente de organizaciones políticas de ideología marxista o movimientos de corte izquierdista. Inicialmente en el marco internacional de la Guerra Fría, entre las potencias aliadas a los Estados Unidos y aquellas aliadas a la Unión Soviética.- El departamento de defensa de Estados Unidos fundó La Escuela de las Américas, que funcionó en la zona del Canal de Panamá.

1950. Escuela del Caribe del Ejército de los Estados Unidos. United States Army Caribbean School

La escuela fue rebautizada con este nombre, trasladada a Fort Gulick, en el lado Atlántico de la Zona del Canal de Panamá y adoptado el idioma español como idioma oficial de la academia.

1963. Escuela para las Américas de la Armada de los Estados Unidos. United States Army School of the Américas

En julio, el centro se rebautizó con este nombre y se llamó popularmente Escuela de las Américas, (USARSA).

1976. Una comisión parlamentaria del Partido Demócrata, durante el gobierno de Jimmy Carter, reconoció dichas prácticas y obligó a suspender sus actividades.

1977. Bajo las previsiones de los Tratados Torrijos-Carter relativos al Canal de Panamá los Estados Unidos aceptaron la demanda panameña de retirar del país la escuela para reubicarla en territorio estadounidense, Fort Benning, Georgia.

1984. El nuevo gobierno del Partido Republicano de Reagan, dio el visto bueno para reiniciar los entrenamientos de contraguerrillas en la escuela. Se renombró oficialmente como United States Army Training and Doctrine Command School, 'Escuela de Entrenamiento y Doctrina del Ejército de los Estados Unidos', aunque con algunas diferencias, es una organización heredera en mayor o menor parte de la misión inicial de la Escuela de las Américas.

1983. Se revisó el manual más polémico que instruía en torturas, utilizado durante dos décadas, y pasó a llamarse Human Resource Exploitation Training Manual, Manual de entrenamiento para la explotación de recursos humanos.

1989.Tras el asesinato de cuatro miembros de la Iglesia Católica de El Salvador por graduados de la escuela comandados por D'Aubuisson, y la constitución de una ONG dedicada a la denuncia de las actividades de la Escuela, SOA Watch, la atención pública sobre el asunto fue cada vez mayor.

1996. Bajo la presión de numerosos periódicos y organizaciones de derechos humanos estadounidenses, el Ejército de los Estados Unidos hizo pública parte de la documentación sobre la Escuela, incluyendo algunos de los manuales. Estos fueron publicados por el National Security Archive.

1999. Hasta el 1 de julio la Escuela había graduado a 61.034 alumnos.

2000. La crítica se hizo sentir, y en octubre, durante la presidencia de Bill Clinton, el Congreso estadounidense analizó la situación y finalmente decidió cerrarlo para crear uno nuevo. El 15 de diciembre la escuela fue cerrada oficialmente.

2001. El 17 de enero se inauguró el Instituto de Defensa para la Cooperación de Seguridad Hemisférica. No hay más que nuevas papeleras, timbres y letreros. El mismo edificio emplazado en los mismos terrenos, mantiene a los mismos instructores enseñando las mismas lecciones de crueldad, tortura y represión. Taringa!

2004. Venezuela dejó de enviar nuevos cadetes a la organización estadounidense.

2006. Esta misma decisión fue tomada por los gobiernos de Argentina y Uruguay y compartida de manera pública.

2007. Costa Rica dejó de enviar miembros de la Fuerza Policial.La Escuela de las Américas, fue trasladada a Georgia (EE. UU.) y rebautizada como Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica.

- Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad. Western Hemisphere Institute for Security Cooperation.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Anotaciones sobre "nuestro patio trasero" - Carta de Thomas Shannon a Michael Pompeo - Mark Weisbrot

Estamos acostubrados a los sesudos análisis de intelectuales de izquierda que después de dar vueltas y vueltas a la situación de un país o internacional determinan que existe un complot: revoluciones de color, atentados, asesinatos, "accidentes"... El resto les mira de refilón y exclaman: ¡Ya estamos otra vez!

La carta que a continuación se muestra fue enviada por el encargado de realizar estos de complots, el vil Thomas Shannon Subsecretario para Sudamérica a su jefe el no menos repudiable Michael Pompeo, Secretario del Del Estado. La verdad vuelve a superar la ficción. Es larga pero sin desperdicio de principio a fin. Que "sus excrecencias" hablen de "patio trasero" es ofensivo, que se refieran a la Doctrina Monroe, la cual asegura literalmente que los países sudamericanos son sus colonias, es un insulto. Una declaración de intenciones, y más con el giro político de los últimos dos años.

Los planes de Recolonización de Suramérica están más avanzados de lo que podíamos pensar, cerca del jaque mate, que son Cuba y Venezuela. Con instituciones y fuerzas políticas de izquierdas y derechas cooptadas, desclasadas y sumisas ¿que podemos esperar? El expolio brutal e inmisericorde de los recursos naturales, el ecocidio, el bioterrorismo y la extinción masiva; la vejación, explotación y asesinato consiguiente a los pobladores indígenas; la extensión de conflictos armado y la violencia por villas y ciudades. El mundo gueto.
 
Salud, lucha y Anarquía! PHkl/tctca
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Antes de que dimitiera en junio, Thomas Shannon era el número tres en el Departamento de Estado de EEUU, y muy influyente en materia de relaciones internacionales con América Latina y el Caribe. A lo largo de sus casi 35 años de carrera profesional, se ganó la reputación de ser un diplomático sumamente eficaz y un habilidoso negociador. Durante el Gobierno de Bush, Shannon trabajó como subsecretario adjunto de Asuntos del Hemisferio Occidental (el más alto funcionario del Departamento de Estado para América Latina y el Caribe). Fue nombrado embajador en Brasil por el presidente Obama antes de su nombramiento como subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, en 2016. Desempeñó sus cargos bajo gobiernos republicanos y demócratas, y estuvo involucrado en situaciones muy polémicas, entre las que se incluye el papel que jugó EEUU en el golpe militar en Honduras en 2009, y en los “golpes parlamentarios” que destituyeron a los presidentes en el Gobierno de Brasil y Paraguay. Shannon estuvo implicado en las tumultuosas relaciones con Venezuela, que fueron deteriorándose progresivamente tras el apoyo de EEUU al breve golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez en 2002. (Shannon fue director de Asuntos Andinos de 2001-2002).

La dimisión de Shannon fue una más entre las muchas que se han producido en el Departamento de Estado durante el Gobierno de Trump, hasta dejarlo mermado y debilitado. En el siguiente texto, Mark Weisbrot imagina cómo asesoraría el embajador Shannon al nuevo secretario de Estado Mike Pompeo, basándose fundamentalmente en el destacado papel que jugó en la política estadounidense en este hemisferio en el siglo XXI.

La carta ilustra la continuidad entre las políticas de los dos Gobiernos anteriores en esta región y las del Gobierno de Trump. A su vez, documenta las diferencias de estilo entre las cualificadas maniobras diplomáticas por parte de cargos como Shannon, y la intervención a muerte y falta de preocupación por la percepción de las mismas por parte de la opinión pública del equipo de Trump. Si bien esta carta pertenece al género de la ficción, los acontecimientos y hechos que se narran en ella están bien documentados, son bastante reales y siguen en proceso.
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>>>Carta de Thomas Shannon a Michael Pompeo<<<

2 de julio de 2018

Estimado secretario Pompeo:

Le mando saludos y espero que esté bien. Como sabrá, abandoné el Departamento de Estado después de casi 35 años de servicio el lunes 4 de junio. Me dirijo a usted para transmitirle algunas de las lecciones que aprendí durante esos años, a medida en que nos adentramos en una era nueva y profundamente distinta en las relaciones entre EEUU y América Latina. Por supuesto, soy totalmente consciente de que tendrá preocupaciones más urgentes en regiones del mundo mucho más peligrosas y volátiles. Y esa es una parte del desafío al que nos enfrentamos quienes nos encontramos a cargo del hemisferio occidental. Sobre todo durante y después de la guerra de Irak y de la etapa de inestabilidad creciente en Oriente Próximo que se inauguró a partir de entonces, no hemos prestado suficiente atención a América Latina. Como resultado de ello, durante la primera década del siglo, obtuvieron el gobierno en la mayor parte de los países latinoamericanos distintos gobiernos de izquierdas, no demasiado afines a la idea de un liderazgo de EEUU en dicho hemisferio, ni en el resto del mundo. Como ya lo advirtiera el secretario Kerry en 2013, es nuestro “patio trasero”. Nuestra pérdida de influencia en la región llegó a ser desagradable en algunos aspectos, una consecuencia no intencionada de la fatídica guerra que desestabilizó Oriente Próximo, una “guerra elegida”, tan acertadamente criticada por el presidente Trump.

En la actualidad, esta situación ha cambiado drásticamente y, si me permite mi falsa modestia, en gran parte se debió al trabajo que hemos desempeñado durante los últimos veinte años. Hoy, América Latina es nuestra, como no lo ha sido desde hace décadas; incluso a pesar de que se haya perdido México, en los países más poblados de la región, incluyendo Brasil, Argentina, Perú y Colombia, contamos con gobiernos que nos prestan un apoyo sólido como hacía por lo menos varias décadas. Y el resto de países se han alineado de forma parecida. Si bien es cierto que quizá no fuera acertado que lo expresara públicamente el más alto cargo del cuerpo diplomático de la nación, el anterior secretario de Estado Rex Tillerson tenía bastante razón al referirse a la Doctrina Monroe.

Sin ánimo de aburrirle, me gustaría centrarme en algunos detalles de nuestra labor para lograr que se produjera este cambio histórico –sin atribuirnos todo el mérito, ya que no solo fue obra del Departamento de Estado, sino que dependió del esfuerzo de diversos departamentos de la seguridad de Estado, incluyendo al Pentágono, el Consejo de Seguridad Nacional, 17 agencias de inteligencia y nuestros amigos del Congreso, en concreto, las comisiones de política exterior en ambos órganos. Con la alusión a dichos detalles pretendo ilustrar, en la medida en que me lo permiten estas breves líneas, la relevante continuidad en los objetivos y en la estrategia de nuestra política exterior en la región, sobre todo durante los 16 años de los dos gobiernos anteriores, es decir, las de los presidentes Barack Obama y George W. Bush, en las que jugué un papel relevante, y que ha seguido el Gobierno de Trump. Espero también poner de manifiesto el papel vital que juega la diplomacia para la consecución de nuestros objetivos a largo plazo.

Intentaré ser sincero en este punto, aunque, puesto que esta carta no ha sido clasificada como documento de alto secreto, y no podemos descartar las filtraciones, no divulgaré ninguna información clasificada, sino que me basaré en aquella que ya forma parte del dominio público.

Honduras
Permítame que empiece por un acontecimiento en el que la diplomacia no es lo primero que le viene a uno a la cabeza: el golpe militar de 2009 que echó del gobierno a uno de nuestros adversarios, Manuel, Mel, Zelaya en Honduras. Como la mayor parte de los presidentes electos de izquierdas en Latinoamérica durante la “marea rosa” de la primera década de 2000, Zelaya no puso en práctica un programa político radical. De hecho, no era un político radical; provenía de la clase terrateniente y era un socialdemócrata moderado, defensor de políticas como el incremento del salario mínimo o los comedores escolares. Las corporaciones norteamericanas con base en Honduras, que en aquel entonces creaban decenas de miles de empleos manufactureros, no se sentían especialmente amenazadas por él, incluso a pesar de que no hubiera sido su primera opción en las elecciones.

Sin embargo, se convertiría en una amenaza por dos razones: la primera, porque empezó a hablar de la necesidad de convocar una asamblea constituyente para aprobar una nueva Constitución en el país, una medida probablemente bastante razonable para la mayor parte de la población hondureña, dado que la Constitución vigente se aprobó en los años ochenta durante la dictadura militar y no es que fuera muy proclive a las medidas democráticas que se diga. Sin embargo, bajo nuestro punto de vista, no tenía ningún sentido redactar una nueva Constitución puesto que, muy probablemente, la nueva carta magna prohibiría las bases militares extranjeras en el terreno nacional, como en el caso de otras aprobadas en el siglo XXI en países con gobiernos de izquierdas en América Latina. Podrá usted imaginar que el Pentágono, entre otros, no tenía intención de perder su mayor base militar en Centroamérica, sobre todo tras quedarse sin su base en Manta, Ecuador, después de que el Gobierno de Rafael Correa introdujera esta prohibición en su nueva Constitución de 2008. (Y Correa tuvo además la insolencia de restregárnoslo en las narices, diciendo que nos dejaría tener una base en Ecuador si les dejábamos tener una base suya en Miami).

La segunda razón favorable al golpe en Honduras fue que, desde nuestro punto de vista, Zelaya formaba parte de una alianza de todos los gobiernos de izquierda incluyendo a Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Nicaragua, en ese momento; El Salvador también acababa de elegir a su primer presidente de izquierdas y Michelle Bachelet, la socialista moderada chilena, se alineaba prácticamente siempre con los otros gobiernos de izquierdas en materia de asuntos del hemisferio. Es decir, aunque pueda parecer que un país pobre y con poco poder de influencia como Honduras no es relevante en el contexto más amplio de las cosas, cualquier jugador de ajedrez sabe la importancia que tienen los peones en una partida, sobre todo si uno los puede comer sin sufrir pérdidas materiales o perjudicar su posición. Y Zelaya se había unido a una subsección de países más de izquierdas todavía, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), con Venezuela, Bolivia y Ecuador a la cabeza. No obstante, en aquel momento todos estos países seguían una política exterior bastante parecida, denominada por los más lenguaraces como “antiimperialista”. Huelga decir lo que eso significa para nosotros.

En todo caso, nuestra labor diplomática fue vital para que el golpe fuera un éxito. La percepción del golpe no sería positiva: el presidente Zelaya fue sacado de su casa a primera hora de la mañana el 28 de junio de 2009, en pijama, puesto rumbo a Costa Rica, con escala en nuestra base militar al sur de Comayagua para repostar. Pero tuvimos la cautela de no respaldar el golpe, a la par que dejábamos caer a quien prestara atención a estos asuntos que contaba con nuestra bendición. En su primera declaración, la Casa Blanca no condenó la acción militar e hizo un llamamiento a “todos los actores políticos y sociales en Honduras” a respetar la democracia. Puesto que era del dominio público que sabíamos que el golpe iba a tener lugar con antelación, el mero hecho de no condenarlo era un mensaje suficientemente claro para quienes entienden el lenguaje diplomático del siglo XXI. La cuerpos diplomáticos y de inteligencia de todo el hemisferio lo interpretaron como un indicio de nuestro apoyo al golpe, y a partir de ahí, todos los acontecimientos fueron predecibles y previstos.

Hillary Clinton, secretaria de Estado en el momento del golpe, resumía en su libro Decisiones difíciles, publicado en 2014, lo que hicimos: “En los días siguientes [después del golpe] hablé con mis homólogos de todo el hemisferio, incluida la secretaria [Patricia Espinosa] en México. Nosotros establecimos las estrategias de un plan para restaurar el orden en Honduras y garantizar que elecciones libres y limpias se celebren rápidamente y de manera legítima, lo que haría que la cuestión de Zelaya fuese irrelevante”. Detrás de todo ello hubo mucho trabajo diplomático. Teníamos que convencer al menos a una parte del mundo, incluyendo a los medios, de que lo mejor para Honduras era aceptar sin más que el presidente democráticamente electo se hubiera marchado y de que, a pesar de la represión ejercida por el Gobierno golpista –arrestos masivos, violencia por parte de las fuerzas de seguridad, supresión de los medios de la oposición, escuadrones de la muerte– era preciso convocar elecciones lo antes posible, pero evitando el regreso de Zelaya.

Algunos republicanos en el Congreso contribuyeron a la estrategia adoptando una posición mucho más dura que la nuestra, que, en comparación, parecía moderada. Apoyaron abiertamente el golpe y culparon a Zelaya de pretender utilizar el referéndum para prolongar su permanencia en el Gobierno, y convertirse en un “dictador” como Hugo Chávez. Desde el Departamento de Estado también estábamos presionando a Zelaya para que no convocara el referéndum. (El tope de una legislatura de mandato impide la acumulación de poder y el giro sustancial de las políticas de cualquier presidente; son hombres de paja desde el minuto uno.) El caso es que, en realidad era imposible que Zelaya gobernara otra legislatura por una cuestión cronológica, independientemente del referéndum. Además, no era vinculante y ya era demasiado tarde para que Zelaya pudiera cambiar la Constitución antes de las siguientes elecciones. La aprobación de una nueva Constitución podría incorporar que los futuros presidentes pudieran gobernar durante dos legislaturas, pero no Zelaya. Sin embargo, la mayor parte de los medios adoptaron el relato, lo cual nos permitió que su destitución pareciera un hecho más aceptable.

Finalmente, como destacaba Clinton, pudimos evitar la vuelta al poder de Zelaya y legitimar las elecciones de noviembre de ese año, que consolidaron al gobierno posterior al golpe, y que para muchos era una dictadura. Todo ello a pesar de que la OEA y la UE se negaron a enviar observadores durante la convocatoria electoral, y aunque la gran mayoría de gobiernos del hemisferio no la reconocieran. Pero nosotros nos impusimos y mediante un ejercicio cuidadoso y persistente de diplomacia logramos que la situación se normalizara.

La historia del éxito de nuestra estrategia en Honduras no termina aquí: el mes de noviembre pasado, el Partido Nacional en el Gobierno durante el golpe anunció la reelección de su candidato presidencial en unas elecciones que muchos –incluyendo esta vez a la vasta mayoría de los periodistas internacionales– veían como robadas. Luis Almagro, nuestro firme aliado a la cabeza de la OEA dio un paso poco habitual y pidió que volvieran a convocarse las elecciones. Pero, una vez más nuestra diplomacia se impuso. Pedimos a México que fuera el primer país en reconocer las elecciones, y así fue; nosotros “seguimos” su ejemplo. El asunto no tardó en enterrarse, junto con las noticias sobre los asesinatos políticos y la represión bajo el gobierno de Hernández, por no mencionar las conexiones con los traficantes de drogas. Y, por supuesto, Almagro y la OEA no tardaron en retroceder en sus posiciones. (Aportamos más del 40% del presupuesto de la OEA, entre otras muchas vías de influencia con las que contamos allí).

El asesinato de la activista ecologista Berta Cáceres fue un quebradero de cabeza para nuestras relaciones públicas. Había sido galardonada con el Goldman Prize tan solo un año antes, y contaba con apoyos de ámbito internacional, por lo que obviamente su muerte ocupó las noticias en mucha mayor medida que la de cientos de ecologistas y otros activistas y líderes disidentes asesinados, con total impunidad, desde el golpe. Además, cuatro de los nueve arrestados acusados de participar en el crimen estaban vinculados al Ejército, institución en la que hemos invertido mucho. En marzo, tuvo lugar el arresto del supuesto “autor intelectual” del crimen que, lamentablemente, era un oficial de inteligencia afín a nuestra embajada. Todo ello provoca el envío de diversas cartas por parte de muchos miembros del Congreso y propuestas de medidas legislativas pero, gracias a nuestra diplomacia pública, se pudieron minimizar los daños y seguimos con el control de la situación. Parafraseando a Franklin Delano Roosevelt, puede que Hernández sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta, y Honduras sigue siendo nuestro, como lo fuera en la década de los ochenta, cuando lo utilizábamos como base de operaciones de nuestras guerras para mantener en nuestra órbita a Nicaragua y El Salvador.

Por supuesto, Honduras es un país pequeño y pobre, pero como ya he mencionado, tiene una importancia estratégica para nuestras bases militares y es clave en nuestra estrategia general de control de las Américas. No obstante, en los últimos años nuestra estrategia de contención y retirada nos ha resultado también beneficiosa. Veamos por ejemplo el caso de Brasil, el segundo país del hemisferio en términos económicos y demográficos, con una extensión territorial mayor que EE.UU. continental. En 2002, se produjo la toma de poder del izquierdista Partido de los Trabajadores, y Lula da Silva obtuvo la presidencia después de cuatro intentos. Su Gobierno había obtenido tanta popularidad que no solo resultó reelegido y abandonó su cargo después de ocho años de gobierno con el apoyo del 87% de la población, sino que su sucesora, Dilma Rousseff, también resultó electa y reelecta.

Brasil es incluso más nuestro que durante la dictadura militar
Sin embargo, miren cuál ha sido su suerte: Dilma Rousseff fue destituida en 2016 y Lula está encerrado en una celda de 3 x 4 metros, acusado de corrupción y blanqueo de dinero. Brasil es nuestro, incluso más nuestro que durante la dictadura militar que contribuimos a instaurar en 1964. A fin de cuentas, se trataba de un Gobierno desarrollista y nacionalista, que nos desafiaba con el desarrollo de su propia industria tras las barreras proteccionistas; en cambio, en la actualidad, sus líderes hacen todo lo que está en su mano para obtener inversión extranjera y pretenden librarse de todas las empresas de propiedad estatal que puedan mediante privatizaciones.

Si apostamos por los nuevos líderes brasileños no ha sido por razones corporativas, como defienden muchos de nuestros adversarios. Nuestros intereses son mucho más amplios y son geopolíticos mientras EE.UU. siga siendo “la nación indispensable”. Y Brasil siempre será un país influyente, a pesar de su lamentable gestión económica durante casi cuatro décadas; por lo tanto, necesitan un gobierno de nuestro equipo. De hecho, Brasil mejoró su influencia en el ámbito internacional bajo el Gobierno de Lula. En 2010 se produjo un incidente que ilustra muy bien por qué es tan importante mantener nuestra influencia en Brasil y en América Latina en general, y en particular, lograr que su política exterior sea coherente con la nuestra. Ese es el objetivo que no debemos perder de vista, y no su propia política económica interna y ni siquiera sus políticas hacia las corporaciones estadounidenses.

En mayo de 2010, Lula se unió a Turquía, Irán y Rusia para llegar a un acuerdo de canje de combustible nuclear con la intención de intentar resolver nuestro conflicto nuclear con Irán. Si bien el presidente Obama había pedido a Lula mediar en otro momento para alcanzar este tipo de acuerdo, lo cierto es que en ese preciso instante, no nos interesaba. No me voy a adentrar en las razones, tan solo decir que los comunicados de prensa que afirmaban que habíamos cambiado de opinión debido a las elecciones en ciernes en EE.UU. eran más que exagerados. En todo caso, el malestar de los brasileños fue bastante explícito puesto que comunicaron a los medios la anterior iniciativa de Obama y, en respuesta a nuestra negación de la misma, publicaron la carta en la que se planteaba la propuesta. Huelga decir el malestar que este episodio provocó en Washington, tanto fuera como dentro del Gobierno, y lo cierto es que a partir de ese momento las relaciones con Brasil ya nunca fueron lo mismo. Obviamente, nuestra oposición puso fin al acuerdo, de modo que no hubo que lamentar muchos daños. Sin embargo, he querido llamar la atención sobre este episodio fundamentalmente para insistir en la importancia de evitar que este tipo de gobiernos se desvíen –cuando empiezan a poner en práctica sus propias políticas exteriores, pueden dañar enormemente nuestros intereses más relevantes, en este caso en Oriente Próximo– a pesar del hecho de que, salvo Cuba durante la crisis de los misiles, ningún país latinoamericano ha supuesto una verdadera amenaza directa a nuestra seguridad.

Obviamente, es un ejemplo de los muchos problemas que nos causó el Gobierno del PT. Hay que decir que son buenos diplomáticos y que el ministro de Asuntos Exteriores brasileño es un profesional y uno de los más competentes de América del Sur. Llegué a conocerle bastante bien, no solo como subsecretario adjunto de Asuntos del Hemisferio Occidental sino como embajador de Brasil entre 2010 y 2013. En algunas ocasiones nos ayudaron, sobre todo cuando lideraron la ocupación de Haití por parte de la ONU en 2004, después de que lográramos librarnos del presidente Aristide (por segunda vez; el primer golpe que contribuimos a sacar adelante fue en 1991). Retomaré este instructivo episodio más adelante.

Lula mantuvo una buena relación con el presidente Bush, mejor que con Obama, a pesar de las muchas diferencias con el PT. Es preciso tenerlo en cuenta en el proceso de negociaciones del Gobierno de Trump con Andrés López Obrador (AMLO) quien, como Lula, probablemente marcará un rumbo de moderación y pretenderá conciliar las demandas de la mayoría de sus votantes con la élite tradicional de su país. Las relaciones entre el presidente Obama y Dilma se agriaron un poco en 2013 cuando los documentos de Snowden revelaron que Brasil era el objetivo prioritario de espionaje de EE.UU. en América Latina, incluyendo el control de las llamadas personales de Dilma, o algo más peliagudo, el espionaje de Petrobas, la compañía nacional petrolífera brasileña. Un caso de espionaje industrial para muchos en el país. La reacción de Dilma fue cancelar el viaje que tenía planeado a EE.UU. y dar un discurso en la Asamblea General de la ONU bastante hostil hacia nosotros, que mantuvimos la calma y no emitimos respuesta alguna.

En 2014, durante la segunda legislatura de Dilma, arrancó la profunda recesión de la economía brasileña. La oposición aprovechó su descenso de popularidad y se esforzó por poner fin a su mandato, algo que logró dos años más tarde. Su destitución no fue provocada por ningún acto que constituyera un crimen en Brasil sino que fundamentalmente fue una maniobra contable que también habían utilizado anteriores presidentes y gobernantes, y que nada tenía que ver con la corrupción u otros delitos. Por supuesto, no tomamos posición en este caso y declaramos públicamente que se trataba de un asunto interno. Pero tuvimos oportunidad de contribuir al cambio de régimen de muchas maneras relevantes, en alguna medida de forma similar al caso del golpe en Honduras en 2009. En este sentido, lo más relevante fue emitir la señal a todos los actores más importantes de Brasil, incluyendo los medios, de que apoyábamos la destitución de Dilma. Tuvimos oportunidad de dejarlo bien claro en el momento de la visita a Washington de Aloysio Nunes, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado en Brasil, justo después de que la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Brasil votara la destitución de Dilma. Aquella votación fue un espectáculo bochornoso; los miembros más beligerantes del Congreso expresaron su nostalgia por la dictadura militar e incluso uno de ellos llegó a alabar a los funcionarios responsables de las torturas que sufrió la propia Dilma en el pasado. Aquello provocó que una parte de los medios internacionales, bastante hostiles a Dilma y al PT, reconsideraran el sesgo de sus informaciones. No obstante, yo me entrevisté con Nunes, que lideraba la iniciativa de destitución en el Senado brasileño. Dada mi posición en aquel momento (el número tres en el Departamento de Estado) y que para muchos, yo era responsable de nuestra política en Brasil, todos entendieron que aquella reunión con él era como mínimo una muestra de nuestro apoyo a la destitución.

El Secretario de Estado John Kerry respaldó esta opinión unos meses más tarde, el 5 de agosto, en una rueda de prensa conjunta con José Serra, el entonces ministro de Exteriores de Brasil, en la puerta de la embajada de Estados Unidos. Sus declaraciones iban encaminadas a fortalecer la relación entre EE.UU. y Brasil y velar por la cooperación en una serie de asuntos, como no habían podido hacer en los últimos años (ya se encargó de destacarlo Kerry). Pero el Senado brasileño tenía que votar aún la destitución de Dima (su Constitución es similar a la nuestra, la Cámara vota la destitución, y el Senado destituye al presidente). De modo que la conferencia de prensa con Serra suponía otro indicio evidente de nuestra inclinación por la destitución de Dima.

Como ya he comentado anteriormente, a pesar de nuestras diferencias, Brasil nos apoyó en el golpe de 2004 en Haití. Habíamos aprendido la lección tras el golpe de Venezuela de 2002 que duró 48 horas. Y, en parte, la responsabilidad de que así fuera, como probablemente ya sepa usted, se debió a la celebración de la cumbre del Grupo de Río de 19 países latinoamericanos justo después del golpe, en la cual se aprobó una resolución reprobatoria del golpe. Si bien algunos países latinoamericanos hubieran querido apoyarnos, eso les habría puesto en una situación delicada dada la sacrosanta soberanía nacional histórica en la región y que nuestro apoyo al golpe se había hecho público. (Esta es otra de las razones por las que conviene ser más cauteloso y diplomático con respecto a los comentarios públicos, como lo fuimos en el caso del golpe en Honduras. Las declaraciones públicas del presidente Trump sobre las potenciales acciones militares de EE.UU. en Venezuela, o por parte de otros oficiales que apoyan el golpe militar en el país, son innecesarias y, en mi opinión, contraproducentes).

En todo caso, nuestra experiencia en Venezuela nos sirvió para no repetir errores, y en Haití teníamos preparada la votación en la ONU para apoyar un operativo militar antes de que se produjera la destitución de Aristide. Dos meses después, impulsamos una nueva misión de la ONU (MINUSTAH) con tropas brasileñas a la cabeza. Durante la ocupación del país, se produjeron miles de asesinatos de personas desarmadas favorables a Aristide y cargos del gobierno constitucional fueron encarcelados. Pudimos sacar adelante la iniciativa a plena luz del día, no como en 1991, cuando tanto el respaldo de Estados Unidos al golpe como los escuadrones de la muerte posteriores fueron encubiertos. Y hemos podido cambiar el rumbo de la historia en Haití desde entonces, hasta el punto de que no parece previsible en el futuro que pueda llegar a elegirse a nadie que no cuente con nuestra aprobación. (De hecho, el 80% de la población haitiana ya ni siquiera se molesta en participar en las elecciones nacionales.) Hemos recibido muy pocas críticas por nuestros actos allí, incluso después de que lográramos que la OEA revertiera los resultados en las elecciones de 2010 sin que se realizara siquiera un recuento ni un análisis estadístico del voto; un caso sin precedentes en la historia de la observación electoral. Tras el terremoto devastador de 2010, cuando Haití estaba en una situación de particular vulnerabilidad, amenazamos a los líderes recalcitrantes con cortar toda ayuda, extremadamente necesaria entonces, si no aceptaban la decisión de la comisión de la OEA, que por supuesto estaba plagada de aliados nuestros. Habíamos amenazado previamente al presidente Preval con abandonar el país como en el caso de Aristide en 2004.

Haití
Ofrezco esta pequeña parte de la historia de nuestro papel en Haití porque sirve para ilustrar una vez más el poder de la diplomacia, no solo en la construcción de la ocupación de la ONU con Brasil a la cabeza, sino durante aquellos cuatro años previos al golpe. Durante cuatro años logramos convencer a casi todos los gobiernos del mundo para que interrumpieran el envío de ayuda internacional a Haití, sin la cual la supervivencia del Gobierno electo estaba en juego. Para ello, tuvimos que convencer primero a la OEA de que cambiaran la inicial declaración positiva de la misión de observación de las elecciones de 2000 que habían descrito como “un gran éxito para la población de Haití, que salió a votar ordenada y masivamente para elegir a sus gobiernos local y nacional”. Aquella declaración revisada se convirtió en la base de nuestra campaña para destituir al Gobierno. A continuación, fundamos una gran coalición de grupos de la oposición y anunciamos que la financiación internacional no se restablecería hasta que el Gobierno no alcanzara un acuerdo con la oposición. Al mismo tiempo, le dijimos a la oposición que no alcanzara semejante acuerdo, y que el Gobierno acabaría cayendo, como por supuesto pasó.

Algunos han afirmado que la única razón por la que este tipo de tácticas nos permitieron salirnos con la nuestra es porque Haití es un país pobre, y su población negra. Indiscutiblemente, algo tuvo eso que ver, como confirmaría cualquier conocedor de la historia de la implicación de EEUU en Haití desde que los marines norteamericanos ocuparan el país desde 1915 a 1934. Pero también se trata de un país que se fundó gracias a una revuelta de los esclavos, y con una población capaz de echar a Duvalier, el dictador respaldado por EE.UU.; que eligió en dos ocasiones, y por una amplia mayoría, a un sacerdote populista radical que no respetaba nuestros intereses; y en el que podía estallar la revuelta en cualquier momento –sin mucha clase media con algo que perder– si no éramos capaces de manejar con cuidado la situación en momentos decisivos.

Todos los antecesores del presidente Trump fueron capaces de entender estas características específicas de Haití en el momento de sendos golpes de Estado apoyados por los presidentes Bush, y la intervención en 2010-2011 bajo el Gobierno del presidente Obama. El presidente Clinton también supo comprender esto muy bien: aunque los acontecimientos acabaran encajonándole, sobre todo por el Congressional Black Caucus, y acabara restableciendo a Aristide en el poder con el ejército de Estados Unidos en 1995. Pero obligó a Aristide a aceptar importantes condiciones a cambio de su regreso. Una, que mantuviera al tristemente célebre ejército de Haití, fundamentalmente una fuerza represiva, para enfrentarse a la amenaza de una posible insurrección. Por desgracia, Aristide renegó de esta promesa y abolió el Ejército. Pero, como habrá podido comprobar, nuestro nuevo Gobierno allí está intentando recuperarlo, si bien desafortunadamente incluyendo a algunos de los asesinos en masa de los años noventa, y que dejará vía libre a las críticas de nuestros oponentes.

Retomemos el marco más amplio. Los gobiernos de izquierdas cambiaron los usos y costumbres del hemisferio en materia internacional hasta el punto de minar seriamente nuestro poder de influencia. Por ejemplo, establecieron la UNASUR como organización multilateral independiente dominada por los entonces gobiernos de izquierdas, incluyendo los de los países más grandes como Brasil, Venezuela y Argentina. Impidieron nuestros intentos de enfrentar este desafío por parte de la izquierda en numerosas ocasiones. En 2009 quisimos ampliar nuestra presencia militar en Colombia a causa de la creciente amenaza que suponían estos gobiernos. El presidente colombiano, Álvaro Uribe, era un aliado acérrimo de EE.UU. y a quien habíamos brindado nuestro apoyo con miles de millones de dólares en ayuda militar (si bien él de por sí tenía ya fuertes vínculos con los cárteles de la droga y los paramilitares que habían asesinado a decenas de miles de civiles). Aceptó nuestra petición de buen grado, pero se filtró a la prensa el acuerdo militar entre Colombia y EE.UU., en el que se detallaban nuestros planes de ampliar el acceso de Estados Unidos a siete bases militares colombianas.

Los gobiernos de la UNASUR, que se reunieron en Argentina en 2009, mostraron su inmediata oposición y declararon públicamente que no podrían utilizarse las bases militares para mandar operativos desde Colombia, algo que apoyó también este país. Obviamente, ese era el objetivo principal del acceso a las bases militares por parte del personal del ejército de Estados Unidos, incluyendo hacer frente a las amenazas planteadas por los Gobiernos anti americanos.

UNASUR, liderada por los gobiernos de izquierda, cambió los usos y costumbres de las relaciones internacionales en el hemisferio hasta el punto de que incluso Manuel Santos, el anterior ministro de Defensa de Uribe, restableció las relaciones con Venezuela inmediatamente después de asumir su cargo en 2010. Las relaciones entre Colombia y Venezuela (y con otros países) se habían deteriorado gravemente después de que Uribe bombardeara e invadiera Ecuador en marzo de 2008 para atacar los campamentos de las FARC con base allí. Al verse forzado a elegir entre la coalición de izquierda, integrada por los gobiernos antinorteamericanos de Sudamérica, y EE.UU., optó por los primeros.

Pero Santos no tardó en volver a nuestro lado cuando recuperamos el control de esa región y, revirtiendo por completo la situación de derrota de 2009, a finales de mayo Colombia se convirtió en socio global de la OTAN, el primero en América Latina. Esto tuvo unas implicaciones significativas para nuestro poder de influencia en América Latina, como podrá imaginarse. El 17 de junio, Iván Duque, el sucesor de Uribe elegido a dedo, obtuvo una cómoda victoria en las elecciones presidenciales. Colombia es nuestra.

Otro cambio institucional rebelde orquestado por los gobiernos de la izquierda durante sus años álgidos fue la creación de la CELAC, que incluye a todos los países del hemisferio salvo EE.UU. y Canadá. En parte, se formó en respuesta al éxito de nuestras labores diplomáticas con motivo del golpe en Honduras, cuando evitamos que la OEA jugara un papel más relevante a la hora de restablecer el gobierno electo, que era lo que querían la mayor parte de los países de la OEA. Durante algunos años, la CELAC sirvió como lugar de encuentro de las naciones latinoamericanas y caribeñas para acordar algunas posiciones comunes antes de incorporarse a la OEA para luchar contra nosotros. Como es obvio, ya no supone ningún tipo de amenaza, ahora bien convendría tener en cuenta que cuando los chinos visitaron este hemisferio en 2015 para reunirse con líderes latinoamericanos para abordar el tema de los préstamos y de la inversión extranjera, fue a través de la CELAC.

Argentina
Argentina ha sido otro de los países más determinantes a la hora de influir en la rebelión antinorteamericana durante la primera década del siglo XX. De 2003 a 2015 estuvieron en el gobierno los Kirchner, populistas de izquierda, primero Néstor y después su mujer Cristina Fernández. Ambos mantenían una relación bastante buena con Chávez, que prestó 6 mil millones de dólares a Argentina para que saldara la deuda con el FMI (a quien culpaban de su crisis entre 1998-2002). Sin embargo, este vínculo entre presidentes izquierdistas estaba mediado por algo más que los petrodólares. La historia tiene su importancia. Los Kirchner tenían amigos que habían sido encarcelados o asesinados durante la dictadura de 1976-1983 que nosotros respaldamos; revocaron la impunidad de los oficiales del Ejército responsables de estos asesinatos y más de 650 fueron condenados. El encarcelamiento de Lula se produjo bajo la dictadura que Estados Unidos ayudó a llegar al poder con el golpe de 1964; su sucesora, Dilma Rousseff pasó aún más tiempo en la cárcel y fue además víctima de torturas. Evo Morales, de Bolivia, declaró que había sido torturado en presencia de agentes de la DEA antes de ser presidente; Pepe Mújica, de Uruguay, pasó 13 años en prisión bajo la dictadura respaldada por EE.UU. Y, quienes no habían sufrido las consecuencias directas de la violencia ejercida por estos gobiernos auspiciados por Estados Unidos, eran conscientes del dolor provocado por esta parte de la historia.

Fueron diversos los mecanismos por medio de los cuales fuimos capaces de contribuir a la caída del kirchnerismo en Argentina. Si bien es cierto que a Argentina le fue extremadamente bien bajo el gobierno de los Kirchner hasta 2011, se produjo una desaceleración económica a partir de entonces y su balanza de pagos empezó a sufrir las consecuencias. No podían pedir préstamos a los mercados internacionales por su impago de 95.000 mil millones de dólares. Impedimos su acceso al mercado de divisas que tanto necesitaban recibir de los prestamistas multilaterales, incluyendo el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial. Entonces, sucedió que en 2014 recibimos una ayuda muy especial por parte de las autoridades judiciales de EE.UU., cuando el juez Thomas T. Griesa tomó la decisión tan controvertida y sin precedentes de prohibir a Argentina el pago de más del 90 % a sus acreedores, los titulares de bonos reestructurados ante el impago de la deuda del país. El resto correspondía a la deuda con los acreedores que jamás aceptaron la reestructuración, entre los que se incluyen los fondos buitre, hedge funds, que compraron los bonos moratorios por una fracción mínima de su valor nominal dentro de una estrategia legal prolongada con el fin de anteponer una demanda para recuperar su valor nominal total.

En 2014, Argentina había llegado a un acuerdo con el Club de París integrado por acreedores gubernamentales y estaba a punto de recuperar su capacidad de préstamo en el ámbito internacional. Pero el requerimiento de Griesa fue un duro golpe en un momento de vulnerabilidad. Retiró la orden en cuanto el conservador Mauricio Macri fue elegido presidente y declaró: “La elección del presidente Macri cambió todo”.

Hemos de admitir que no fue una buena decisión por parte de Griesa desde el punto de vista de la estabilidad del sistema financiero internacional. Supuso que aquellos gobiernos que habían alcanzado acuerdos con más del 90% de sus acreedores tras una situación de impago podrían ver sus acuerdos anulados años más tarde por las acciones legales de los fondos buitre. Por esta razón, y porque el Departamento del Tesoro de EE.UU., principal agente en la toma de decisiones del FMI fuera de Europa, no se coordinó con nosotros, el FMI anunció en julio de 2013 que presentaría un escrito en nombre de Argentina en el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Sin embargo, se retractó una semana más tarde. Cuando un periodista preguntó por las razones para este desconcertante cambio de opinión, el portavoz del FMI, visiblemente molesto, respondió: “Tendrá usted que pedirle explicaciones al Tesoro norteamericano”.

Traigo este episodio a colación porque muestra lo importante que es tener en cuenta las diversas ramificaciones de nuestro Gobierno a la hora de pergeñar nuestra política exterior. Logramos contribuir a la caída del kirchnerismo en las elecciones de 2015, si bien estuvo a punto de ganar un mejor candidato presidencial de su bando. Pero ahora tenemos a Mauricio Macri de presidente, un sólido aliado de EE.UU. años ha. En 2009 se reunió conmigo y con nuestra embajada en Buenos Aires para alertarnos de que estábamos siendo demasiado blandos con los Kirchner, sobre todo tras la humillación que había sufrido el presidente George W. Bush en el Mar del Plata. En la actualidad, forma parte de nuestra coalición de gobiernos de derechas en la región y está contribuyendo a derrocar al Gobierno venezolano, en la cuerda floja a causa de la hiperinflación y una crisis profunda.

Venezuela
Podría contarle mucho más acerca de Venezuela pero voy a intentar ser breve en ese sentido. Como ya sabrá, durante la mayor parte de el siglo XXI su cambio de régimen ha sido el objetivo número uno o dos en el mundo (tan solo precedido por Irak o Irán en algunos momentos). Claramente, el país fue el principal instigador de la rebelión latinoamericana, aunque era Chávez el que principalmente gritaba a los vientos lo que el resto de presidentes de izquierdas, o no tan de izquierdas, pensaban y sentían. Además, ejercía su cargo sentado sobre 500.000 millones de barriles de petróleo, la mayor reserva petrolífera del mundo. Cuando intentamos librarnos de él con el golpe militar de 2002, muchos pensaron que lo que queríamos era obtener su petróleo, pero por supuesto estaban equivocados. De hecho tanto Chevron como Exxo Mobil, nuestras mayores compañías petrolíferas, mantenían una buena relación con Chávez durante la mayor parte de su mandato, y lo que querían es que le dejáramos en paz. Habían invertido mucho allí, y les seguía resultando rentable incluso después de que Chávez incrementará la parte para el gobierno, como hizo todo el mundo tras el aumento de los precios del petróleo a partir de 2002.

Sin embargo, nosotros tenemos una visión geoestratégica y cualquier país que disponga de tal cantidad de petróleo tenderá a convertirse en una potencia en la región y a gozar de una cierta independencia, por lo tanto, es fundamental que su Gobierno esté de nuestro lado. De modo que forramos de dinero a la oposición que durante los primeros cuatro años de su mandato tenía “una estrategia de derrocamiento militar”, como diría uno de sus líderes más intelectuales. Afortunadamente, los medios tanto de Estados Unidos como internacionales estaban totalmente de nuestro lado, de modo que durante más de una década y media nuestra implicación en el golpe ha sido tratada como una mera acusación por parte de una fuente desacreditada, fundamentalmente el propio Chávez, aunque también por parte de su sucesor, Maduro, aún más desprestigiado. Obviamente, todos los reporteros de Caracas sabían que era cierto, pero se abstuvieron de comunicarlo. Incluso cuando nuestro propio Departamento de Estado reconoció que el Gobierno estadounidense “estaba proporcionando formación, asesoramiento institucional y otro tipo de apoyo a personas y organizaciones activamente implicadas en el golpe militar”. O cuando se divulgaron los documentos de la CIA que mostraban que teníamos información anticipada sobre el golpe y que habíamos apoyado su éxito con falsas declaraciones durante los acontecimientos que tuvieron lugar. Este no es más que uno de los miles de ejemplos en los que los medios nos han brindado su apoyo en nuestra ardua tarea, pero creo que ilustra con mayor claridad que otros hasta qué punto es importante nuestra diplomacia pública, incluso a pesar de que el golpe fracasara por un error de planificación. El éxito de nuestra estrategia supuso que Chávez siempre apareciera ante la opinión pública como el agresor cada vez que denunciaba la intervención de EEUU, incluso a la par que estábamos lanzando decenas de millones de dólares a los grupos de la oposición (contando solo con la cuantía que era de dominio público), y no cesábamos en el empeño de intentar aislar a su régimen en el ámbito internacional.

Chávez era un duro contrincante, ya que la situación económica del país fue relativamente buena durante su último año de mandato (2012) y logró que por primera vez millones de venezolanos tuvieran acceso a la sanidad, las pensiones, la educación superior y la vivienda pública. (Obviamente, durante todos esos años los principales medios se encargaron de describir a Venezuela como un fracaso del populismo. Y, a pesar de que la mayor parte de los venezolanos se informaban a partir de fuentes controladas por la oposición, la mayor parte del hemisferio fuera de las fronteras venezolanas compró el relato de que la Venezuela de Chávez era una dictadura).

Chávez no cesó en el intento a escala internacional de convertir en realidad su sueño bolivariano de unidad de los países latinoamericanos contra EE.UU., y prestó decenas de miles de millones de dólares a países como Brasil, Argentina y a estados Caribeños a través de su programa Petrocaribe. En algunos casos, la cuantía de la ayuda por parte de Venezuela al resto de países latinoamericanos probablemente superó la nuestra. De modo que, durante los años de bonanza, la mayor parte de los gobiernos del hemisferio adoraban a Chávez tanto como la mayoría de los venezolanos, incluso a pesar de que la mayor parte de la población latinoamericana, que solo accedía a la versión que los medios divulgaban de la realidad venezolana, no tuviera muy buena opinión de él.

La situación se deterioró después de su muerte en marzo de 2013 y la situación económica inició un largo declive que ha desembocado en la peor crisis en la historia de Latinoamérica. Es innecesario que te cuente lo mal que están las cosas allí en la actualidad dada la hiperinflación y la carestía de medicamentos y alimentos.

Por eso me opuse al embargo financiero del Gobierno de Trump impuesto sobre Venezuela antes de su anuncio público el 24 de agosto del año pasado. No es que no comparta sus objetivos de librarse de esta maldición, hemos trabajado incansablemente para llevarlos a buen puerto durante casi dos décadas. No obstante, el embargo es innecesario llegados a este punto y Maduro puede recurrir a él para explicar las razones de tanta escasez, a la que obviamente contribuye. Dado que no pueden acceder a préstamos, tuvieron que recurrir al pago de sus bonos en 2017. No pueden reestructurar su deuda. Se ha cortado el acceso a muchos créditos, incluso aquellos que no han resultado prohibidos por la orden del ejecutivo de Trump, y ello contribuye al colapso de la producción petrolera y a la escasez de medicinas y alimentos.

Es excesivo. Este tipo de intervención otorga credibilidad a la victimización por parte del Gobierno entre una minoría de la población venezolana. Y para mucha gente a lo largo del mundo este embargo empeora la crisis humanitaria. Afortunadamente, nuestra paciente construcción de una diplomacia pública ha permitido que los medios hayan ignorado el impacto del embargo en igual medida que ignoraron nuestros mecanismos de intervención previos. Y son los medios los que determinan lo que cree la mayoría de la gente, sobre todo si tiene que ver con algo que no experimentan directamente. Pero, el embargo es totalmente innecesario porque la espiral de declive de la economía se produce por sí sola.

Las amenazas emitidas por el Gobierno de Trump, o por parte del senador Rubio, influyente asesor en esta materia, son también innecesarias y contraproducentes. Incluyendo las insistentes declaraciones de Rubio sobre que las sanciones van dirigidas a propiciar un cambio de régimen y no a presionar al Gobierno para restablecer la democracia, que es el mensaje emitido por el portavoz de nuestro Departamento de Estado. Y, la amenaza del presidente Trump de una acción militar es intolerable; viola la Carta de la ONU e incluso ha avergonzado a nuestros aliados más cercanos en la región, que han expresado su oposición a estas declaraciones.

Lidiamos con Chávez cuando estaba en lo más alto de su ejercicio del poder y de influencia en la región, cuando la mayor parte de los gobiernos de América del sur eran sus aliados. No hay mal que por bien no venga. Quizá no pudiéramos destituirle pero sí demonizarlo hasta el punto de que su compañía resultara tóxica para los políticos del hemisferio asociados con él. Y nos servimos de esa toxicidad para contaminar e incluso derrocar a los candidatos presidenciales en una serie de elecciones, incluyendo las de Nicaragua, El Salvador, Perú y México. Ganamos las elecciones en México en 2006 por los pelos, por unos escasos 0,6 puntos porcentuales, en unas elecciones en las que el “recuento” de la mitad de las urnas dio problemas, es decir, el número de votos emitidos más los votos en blanco no correspondían con el número de votantes registrados. Y una de las razones por las que ganamos fue porque los medios atacaron sin descanso la candidatura izquierdista de Andrés López Obrador (AMLO), vinculándole con Chávez (incluso a pesar de que en este caso no había conexión alguna entre ellos).

México
La victoria de AMLO ha sido aplastante y su partido, que ni siquiera existía hace apenas siete años, ha obtenido la mayoría en el Congreso. Esto supone una enorme pérdida para nosotros. Es obvio que sus programas político y económico son moderados, y estoy seguro de que podríamos llegar a un acuerdo razonable sobre el NAFTA. Sin embargo, es un independentista populista y nacionalista como los que nos han estado dando la lata en Suramérica y Centroamérica y no apoyará nuestra política exterior como lo hace el actual gobierno, y eso es lo verdaderamente importante. Ya ha quedado suficientemente claro que no nos va a prestar ayuda en absoluto para cambiar el régimen ni en Venezuela ni en Nicaragua, por ejemplo. Y, en este sentido, le pido que me excuse, voy a decir una obviedad: los ataques verbales a México por parte del presidente Trump, su propuesta de muro “que pagarán los mexicanos”, y otras expresiones públicas de hostilidad, probablemente han contribuido a explicar el meteórico ascenso del nuevo partido de AMLO. Por no mencionar el fracaso a largo plazo de nuestra política de seguridad en el país, la militarización de “la guerra contra la droga” y otros errores cometidos por anteriores administraciones, sobre todo en materia de política económica y que se remontan a los años ochenta. Y el intento de culpar del éxito de AMLO y Morena a la supuesta interferencia de Rusia, por parte del general McMaster y otros, no logró engañar a muchos mexicanos, aunque les diera bastante juego en casa.

Por lo tanto, debo concluir pidiéndole que peque de exceso de cautela cuando tenga que enfrentarse a este tipo de retos, en lugar de encender las pasiones del nacionalismo y del sentimiento antiamericano que puede cambiar el sentido de la disputa electoral en América Latina. A lo largo del siglo XXI fundamentalmente ha sido la izquierda la que ha enarbolado la bandera de la soberanía nacional y de la autodeterminación, creencias muy enraizadas en los países en desarrollo, cosas por las que la gente en ocasiones está dispuesta a luchar y a morir, y que tienen una base racional. La democracia en un país que no es soberano será muy precaria, en el mejor de los casos, por no hablar de la integridad de sus elecciones, la independencia del sistema judicial o del Estado de derecho a los que pueda aspirar. Muchos son los que atribuyen parte de la explicación de la inmensa diferencia entre la tasa de crecimiento y los niveles de vida en Asia y en América Latina al grado de soberanía nacional. Pero Washington no ha entendido del todo este tipo de creencias ni lo arraigadas que están entre la población de muchos lugares. Y, allá donde más las hemos subestimado, nos hemos enfrentado a nuestros mayores fracasos y derrotas, desde Vietnam hasta Irak (y lo que probablemente está por llegar en Oriente Medio).

Le hemos dejado una América Latina controlada en su mayor parte por aliados leales a los Estados Unidos: Brasil, Argentina, Perú, Chile, Colombia, Honduras y más. Contamos con los 13 países del Grupo de Lima que han exigido la imposición de sanciones financieras contra Venezuela, algo inimaginable tan solo hace unos pocos años. Ni siquiera en el momento del golpe de Estado en Honduras en 2009, que indignó a líderes de todo el espectro político, se oía hablar de sanciones, así de fuerte es la tradición latinoamericana de no intervención los asuntos de otros Estados.

Logros aún más notables a la luz de las cartas que nos tocaron en la partida de la primera década de este siglo. Si tomáramos una instantánea del actual paisaje, bien pudiera parecer que es el orden natural de las cosas. Pero espero que vea que no tiene por qué ser así. Cultivamos este delicado jardín a base de paciencia diplomática, incluyendo la diplomacia pública necesaria para que nuestro mensaje y nuestra explicación de toda una variedad de conflictos domine los medios de comunicación de masas, a veces alcanzando una notable uniformidad. Como verá, tampoco hemos tenido miedo de apoyar o financiar la acción política por otros medios cuando ha resultado apropiado: los golpes parlamentarios en Brasil y Paraguay; o los golpes militares y otro tipo de intervenciones en Venezuela, Honduras y Haití. También hemos recurrido a nuestro poder financiero. Y gastamos decenas de millones de dólares anualmente a través de nuestro Departamento de Estado y de la Fundación Nacional para la Democracia para apoyar organizaciones políticas pro EEUU. (Podría explicarle otras cosas que hemos hecho en un informe confidencial.) Sin embargo, estos no pueden ser nuestros principales mecanismos de influencia en los aspectos políticos de la región. La diplomacia, incluyendo la diplomacia pública, debe de ser siempre el primer recurso.

Pudiera parecer que con los gobiernos de los países más grandes de nuestro lado y el liderazgo de instituciones multilaterales (incluyendo OEA, el Banco Interamericano de Desarrollo, e incluso en la actualidad el Mercosur) tan claramente en nuestras manos y en las de nuestros aliados, conseguiríamos cualquier objetivo que nos propusiéramos alcanzar. Pero, como nos ha demostrado la aplastante victoria de AMLO, la izquierda latinoamericana dista mucho de estar muerta. Incluso en aquellos países en los que han perdido la presidencia en los últimos años, siguen contando con una gran proporción del voto, mucho más alta de la que alcanzaran en el siglo XX. Esto en parte obedece a que, salvo contadas excepciones, no les fue mal a sus votantes mientras estuvieron esas fuerzas en el poder: la pobreza en la región cayó de un 44 aún 28% desde 2002 hasta 2013, tras una tendencia ascendente en los 20 años anteriores.

No sabemos cuándo llegara la siguiente recesión o crisis económica ni qué impacto tendrá en la región. El Gobierno de Macri en Argentina ya se enfrenta a profundos problemas económicos, y la popularidad del presidente ha caído de un 50 a un 30% en pocos meses. El Gobierno brasileño es profundamente impopular y se enfrenta a huelgas, cifras de desempleo de dos dígitos y un lentísimo crecimiento económico. En el horizonte acechan nubes de tormenta en la medida en que persiste el ciclo de austeridad en la Reserva Federal de EEUU y aumenta la probabilidad de que “se frenen en seco” los flujos de capital en la región, con la consiguiente probabilidad de que se originen crisis y recesiones.

La paciencia diplomática, el ejercicio blando del poder y el cultivo de alianzas fueron nuestras armas más poderosas para reducir la “marea rosa” que se había tragado a buena parte de América Latina durante la primera década del siglo XXI. Sinceramente, espero que puedan conservar y construir sobre nuestros logros.

domingo, 22 de julio de 2018

Recolonización de América: la toma de Nicaragua. ONGs y la Guerra de IV Generación

Nicaragua es el nuevo objetivo del ya clásico estilo de las "revoluciones de color", la aplicación de las tácticas de guerra en el SXXI: financiadas por holdings internacionales en que se mezclan bancos, corporaciones, mercenarios y ejércitos, usando actores políticos y fascistas locales llamados simplemente "opositores", apoyándolos con equipos profesionales de última generación y disponiendo toda la maquinaria mediática mundial. Se desestabiliza el país y se predispone a la opinión pública internacional para la intervención extranjera. El objetivo: establecer un territorio en que las facciones enfrentadas consigan disminuir precios por el establecimiento de la violencia.

¿Cuantas veces lo hemos visto ya desde el 2000? Ucrania, Siria o Libia. También en territorios de México, Colombia, Bolivia, Afganistán, Irak, Nigeria. Lo intentaron Argelia, lo intentaron en Marruecos, Venezuela, Argelia, Egipto.... Las listas son muy largas, pero los métodos, científicamente estudiados y practicados, son básicamente los mismos. Solo hay que revisar el desarrollo de los últimos conflictos y nos daremos cuenta de las pautas.

La contienda está gestionada al interno del país por una miríada de ONGs escurridizas y poderosas que escapan a cualquier tipo de control, sobre todo del económico. Dos son los maestros titiriteros: NED y USAID. Pero la verdadera novedad en nicaragua es el uso de la iglesia católica como ariete, y el peso que esta está tomando en la contienda. Al igual que las iglesias islámicas en el medio oriente, o los nacionalismos en europa, ésta es utilizada por el fanatismo y ceguera de sus miembros para ejecutar las órdenes asignadas por sus amos en norteamérica.

Otra novedad es el uso de "grupos de ultraizquierda". La histórica guerrilla comunista del M19 es muy controvertida. A pesar de ser comunista, con varias denuncias por parte de USA desde los 80, ésta ha recurrido a los propios Estados Unidos para denunciar ante la comunidad internacional al presidente de su país, Ortega. Se dice que son ellos los que están armando a los escuadrones de la muerte que participan en el conflicto. Una de estas tácticas es el asesinato a los propios integrantes de las manifestaciones, como el la "Manisfestación de las Flores" con el fin de victimizarse y reclamar una interveción internacional, táctica muy usada en Ucrania o Venezuela.

Como en el caso de Venezuela o Brasil somos conscientes de que los gobiernos ineptos usurpan el poder del pueblo en beneficio de unas élites locales que no son mejores ni más generosas que las élites extranjeras dejando tan solo migajas. Su único interés es la explotación y el saqueo, a pesar de la retórica. Pero como en estos mismos casos las ingerencias imperialistas, extractivistas, neocoloniales y en definitiva criminales de la potencia en decadencia y su jauría de vasallos/hienas no plantéa un escenario de inestabilidad sino guerra abierta, destrucción y cautividad del pueblo Nicaragüense. Un escenario inaceptable. Si examinamos sus actores nos encontramos con la llamada por sus medios y sin criterio "Oposición", el mazo del imperio. No seremos nosotros quienes defendamos al gobierno de Daniel Ortega, pero sin dudar lo haremos al pueblo nicaragüense.

Por el pueblo, por su autodeterminación, su autogobierno, su soberanía y la Revolución Social.

Salud! PHkl/tctca
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Fuente - LA GUERRA CONTRAINSURGENTE: NICARAGUA EN LA MIRA - LVDS 12.7.2018 Stella Calloni vía elarrezafe

Si la oposición más seria al presidente Daniel Ortega en Nicaragua no se diferencia de los mercenarios, que siguen cometiendo crímenes atroces, mediante torturas y flagelación pública contra decenas de sandinistas por apoyar al gobierno, como lo muestran los vídeos filmados por periodistas y si además no se separan de organizaciones que reciben fondos de Estados Unidos y las derechas europeas, quedarán en la historia como verdaderos traidores a la patria.

No hay eufemismo posible para decirlo de otra manera, ni “academicismos” que los amparen ante sus acciones, cuando precisamente Estados Unidos avanza en su proyecto recolonizador con una despiadada guerra contrainsurgente, de Baja Intensidad y de Cuarta Generación para controlar directamente a Nuestra América, dentro de lo cual se enmarca el golpe “blando” o suave, disfrazado de “rebelión antidictatorial”.

Lo que comenzó el 18 de abril pasado en Nicaragua, desde un inicio fue relatado por la corporación mediática falseando la verdad, manipulando en forma criminal los hechos y no sólo lo hicieron los medios del poder hegemónico, que son mayoría en el mundo, sino los escasos que sobreviven a esta supeditación, ocultando una tragedia de dimensiones aún no valoradas, como sucedió con Irak, Libia, Siria, Afganistán, como sucede en Yemen y en otros lugares y más cercanamente en Honduras, en Colombia, México y Guatemala.

Muchos periodistas, incluso intelectuales, identificados como progresistas o de izquierda, tan diversa en Nuestra América, sin conocer nada de la actual realidad nicaragüense sólo dieron voz a los supuestos “rebeldes” contra la también supuesta dictadura, un espejo de lo que fueron los comienzos de las guerras coloniales de ocupación en Oriente Medio.

Entre los que desafiaron el discurso Jorge Capelán, desde Nicaragua habló del “golpismo tóxico que se ceba con saña contra el pueblo nicaragüense” y recordó el viaje de 16 representantes del Movimiento “Renovador Sandinista”(MRS) a Washington para reclamar en el llamado Foro de la Sociedad Civil de la Organización de Estados Americanos (OEA) que tomara la decisión de enviar cascos azules a Nicaragua, entre otros graves hechos. Es decir pedían una intervención.

La actitud del gobierno ante la primera manifestación de protesta el 18 de abril fue derogar ley previsional- que se supone desató la tormenta golpista- y llamó al diálogo. Pero no era el diálogo lo que esperaba Washington que había preparado el golpe en el esquema de la guerra contrainsurgente que está aplicando, cuando la estrategia de dispersión del Comando Sur, les ha permitido la instalación de Bases y establecimientos de control militar en varios países, elegidos también estratégicamente.

La Contrarrevolución de las ONGs

Por otra parte la región está invadida desde mediados de los años 80 por una red de Fundaciones como la National Endowment for Democracy (NED), o la USAID (Agencia Internacional para el Desarrollo) de tan larga y oscura historia en el continente, entre otras que mantienen una red de Oganizaciones No Gubernamentales mediante las cuales reparten generosas partidas de dinero a sus cómplices internos, sus aliados naturales, las derechas regionales, Esto les permitió infiltrar no sólo las estructuras judiciales en los países de la región y la prensa , sino todos los sectores de la sociedad, creando verdaderos monopolios para la manipulación informativa, la desconcientización y desculturización de los pueblos.

Años trabajaron en forma encubierta esas Fundaciones de la CIA, complicadas en cada intento o golpe de Estado que se produjo en la región en este siglo, desde Venezuela en el 2002 hasta la actualidad.

Nicaragua tiene decenas de ONG dependientes de las Fundaciones y en este caso colaboran activamente los grupos terroristas cubano-americanos de Miami, que tienen representantes republicanos en el Congreso estadounidense como Ileana Ros-Lehtinen y Marco Rubio, Ted Cruz y otros. Rubio, devenido en “asesor” del presidente Donald Trump para América Latina, es intermediario entre este y la derechas recalcitrantes de América Latina.

La corporación mediática internacional e imperial que maneja el 95 por ciento de las noticias que circulan por el mundo, originadas nada menos que en el Pentágono, es clave para la guerra de Cuarta Generación o guerra psicológica, un arma tan importante como los misiles.

No hubo nada espontáneo en las protestas de Nicaragua, como tampoco puede ser espontánea la presencia de mercenarios que se dedicaron a secuestrar sandinistas a los que sometían a brutales castigos y torturas, desnudados y varios de ellos flagelados públicamente, asesinados y luego quemados como en los tiempos de la Guardia Nacional de Anastasio Somoza. Esto está comprobado y filmado, lo que se ha convertido en una prueba del horror.

A lo largo de estos de casi tres meses quemaron escuelas, centros de salud, oficinas que se ocupaban en su mayoría de los temas sociales, cooperativas, “el Banco de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA). las Radios “Ya” y Nicaragua. Quemaron la Caja Rural Nacional, un banco cooperativo con los récords de cientos de miles de socios, y el mismo día quemaron la sede del ministerio de Economía Familiar y Comunitaria y una cantidad de edificios de funcionarios gubernamentales, casas escuelas, centros de salud, hospitales.

La lista de crímenes y destrucción es extensa, pero casi tres meses después el pueblo sandinista está en las calles, y el ejército logró recuperar varias poblaciones tomadas por los mercenarios y se va conociendo el verdadero alcance del golpismo con los millones de pérdidas en la destrucción criminal que afectará a todo el pueblo.

Denuncias Desde EEUU

Las investigaciones del periodista estadounidense Max Blumenthal, pusieron al descubierto el rol de entidades como la (USAID), Freedom House, y la NED en el financiamiento de ONG’s nicaragüenses, que llamaron al derrocamiento del Presidente Ortega del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.

De acuerdo a Blumenthal la USAID, destinó para Nicaragua en 2017 la suma de 5,2 millones de dólares, “con la mayoría de los fondos destinados a la capacitación de la sociedad civil y las organizaciones de medios de comunicación”. También destacó que en junio, los dirigentes del M19, el grupo estudiantil que comenzó las protestas antigubernamentales viajaron a Washington a reunirse con la ultra derecha de EEUU, con figuras como Rubio, Ted Cruz y Ross Lehtinen. De la misma manera se reunieron con Mark Green, director del USAID, quien manifestó su apoyo contra el gobierno sandinista. El viaje fue pagado por Freedom House”.

Se destaca que el M19 no es espontáneo ni fruto del “descontento” contra Ortega sino que uno de sus organizadores Félix Madariaga está al frente del ·Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, y es uno de los principales voceros contra el Sandinismo, que recibió 260,000 dólares de la NED. on la mayoría de los fondos destinados a la capacitación de la sociedad civil y las organizaciones de medios.

Hay referencias a fundación “Hagamos Democracia”, de Luciano García, reconocido opositor al sandinismo, quien recibió también 525,000 dólares de la NED desde 2014 y se constituyó en otro instrumento de intervención en Nicaragua, entregando en 2017 un millón de dólares a diversas organizaciones de la llamada “sociedad civil” que exigen la renuncia del Presidente Ortega.

Entre ellas la Comisión de DDHH de Nicaragua (111,000 dólares), Centro para la Empresa Privada (239,000 dólares), Instituto Republicano Internacional (150,000 dólares), Fundación Iberoamericana de Culturas ($79,000 dólares), Fundación Desarrollo Económico Social (40,000 dólares); entre otras. (Fuente: NED digital) También la NED destinó 305,000 dólares en 2017 a grupos anónimos de Nicaragua, para lo que ellos llaman “promoción de la democracia”, entiéndase, la organización de la contrarrevolución y la subversión antisandinista” destacando el papel que cumplen en la Guerra de Cuarta generación en América Latina.

La NED citada por Max Blumenthal, fue creada en 1983 por la administración de Ronald Reagan y desde entonces colaboró activamente en la Guerra encubierta de Estados Unidos contra Nicaragua en los años 80-90, apoyó y financió a los medios y la oposición antisandinista en ese país y fue clave preparando la invasión de EE.UU a Panamá en diciembre de 1989.

Asimismo como la USAID es responsable como parte y máscara que es de la CIA, de los miles de nicaragüenses muertos durante la guerra encubierta de los años 80 para lo cual inventaron el llamado contra-gate, llevando droga desde el Comando Sur en la zona del Canal de Panamá a Miami de donde salían armas para los mercenarios de la “contra”. Nada nuevo en la historia de EE:UU en Vietnam y en la actualidad para armar los mercenarios que usó y usa la OTAN en las actuales guerras coloniales de Medio oriente , el Norte de Africa y en Asia.

Un mes antes de las reuniones del M19 con legisladores ultraconservadores en Washington, la NED “afirmó sin rodeos que las organizaciones respaldadas por ellos han pasado años recibiendo millones de dólares sentando las bases para la insurrección” en Nicaragua, como lo señala el sitio web de noticias enfocado en América Latina, Global Americans, escrito por el académico estadounidense Benjamin Waddell , director académico de la Escuela de Capacitación Internacional en Nicaragua!(…) Después de la publicación de este artículo, Global Americans reemplazó el término “insurrección” con la palabra más inocua “cambio”. Sin embargo, el título original aún se puede ver en la URL del artículo.

Lo cierto es “La prensa internacional describió la rápida escalada de disturbios civiles en Nicaragua como una explosión espontánea de descontento colectivo” escribió Waddell y agregó que “la participación actual de la NED en nutrir a los grupos de la sociedad civil en Nicaragua arroja luz sobre el poder del financiamiento transnacional para influir en los resultados políticos en el siglo XXI”. “Mucho de lo que hacemos hoy fue hecho encubiertamente hace 25 años por la CIA”, comentó por su parte Allen Weinstein, fundador de la NED.

"Las caras más visibles del movimiento anti Ortega no han sido los jubilados afectados por las reformas de la seguridad social, sino los estudiantes urbanos, políticamente no afiliados, que buscan una victoria total. Han forjado una alianza con los opositores a la derecha." Mientras tanto, hombres enmascarados con morteros y armas de fuego han formado la primera línea de los bloqueos viales que ya han drenado la economía de Nicaragua de unos $ 250 millones en ingresos.

Es tan obvia la acción de Estados Unidos en Nicaragua, que asombra por un lado que figuras importantes de este país, surgidas del sandinismo, cuya oposición a Ortega se basa en diferencias internas, y que por supuesto no nos corresponde juzgar, hayan hecho silencio en estas circunstancias y con ese silencio haber permitido este desangre del país con apoyo público de EE:UU, verdugo de Nicaragua desde el siglo XIX es un hecho que se debe analizar dentro del comportamiento de una buena parte de la llamada izquierda en este período histórico.

De la derecha o de un sector de la Iglesia o de las organizaciones de bonitos nombres “democráticos” sostenidas por los dineros de la CIA, no podríamos haber esperado otro tipo de conducta. Pero el silencio sobre los crímenes aberrantes y el terror sembrado en las poblaciones más humildes e indefensas, es un caso de complicidad extrema, donde algunos sacerdotes parecieron desafiar al Vaticano actual con su conducta.

Se Intenta derrocar a un gobierno que en Centroamérica no permitió el ingreso de las maras, que se destacaba en medio de la violencia en Centroamérica, que logró avances sociales únicos en esa región reconocidos por organismos internacionales y que permanece en el ALBA, contra todas las presiones de Washington, ese organismo integrador que tanto ayudó a los pueblos más necesitados. En momentos en que el gobierno de Trump amenaza con invadir Venezuela, Nicaragua es estratégica.

Nadie puede confundirse en un escenario como el actual en América Latina, donde ha quedado evidenciado que la Doctrina Monroe regresó con un imperio en decadencia y cada día más brutal, que intenta apropiarse directamente de lo que considera su ”patio trasero” y coloca a la Patria Grande en la disyuntiva: recolonización o independencia.