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miércoles, 6 de marzo de 2024

La ideología de la guerra en Ucrania y en Israel - Thierry Meyssan

Fuente - La ideología de la guerra en Ucrania y en Israel, por Thierry Meyssan 5.3.2024


  Generalmente, toda guerra define quiénes somos “nosotros” y quiénes son “ellos”. “Nosotros” somos el Bien y “ellos” son el Mal.

Los dirigentes occidentales, declaran que la guerra en sí misma es mala, pero afirman que hoy es indispensable frente a las agresiones de Rusia y del Hamas. Según los dirigentes occidentales, Rusia, o más bien su presidente, Vladimir Putin, sueña con apoderarse de nuestros bienes y con destruir nuestro sistema político. Dicen que, después de haber invadido Ucrania, invadirá también Moldavia y los países bálticos, y que luego continuará hacia Occidente. El Hamas, por su parte, es presentado como una secta llena de odio que comienza violando y decapitando a los judíos por antisemitismo y que continuará invadiendo Occidente en nombre de su religión.

Hay que observar que tanto Israel como Estados Unidos fueron fundados por sus ejércitos: Haganá y el Ejército Continental. Hoy en día, la gran mayoría de los dirigentes políticos de ambos países hicieron carrera en las fuerzas armadas o en los servicios secretos. Pero los dirigentes de Israel y de Estados Unidos no son los únicos con esas características ya que Xi Jinping es un ex militar y Vladimir Putin proviene de los servicios secretos soviéticos, el KGB.

Habría que preguntarse en qué se basan los delirios y temores del Occidente político y cómo estos le impiden percibir la verdad. Si Francia no invadió Ruanda, Rusia tampoco ha invadido Ucrania. Al igual que París, que interrumpió la masacre desatada contra los tutsis ruandeses, Moscú interrumpió la masacre desatada contra los ucranianos rusoparlantes en Donbass. Al igual que París en Ruanda, Moscú estuvo movido, en Donbass, por su «Responsabilidad de Proteger» [1] y por la necesidad de poner en aplicación las resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Por su parte, los palestinos no violan ni decapitan gente por placer –aunque algunos sí pertenecen a una secta que lo hace. Si los palestinos luchan contra los israelíes no es por antisemitismo –sólo la corriente “histórica” del Hamas se basa en el odio contra los judíos mientras que la mayoría de los palestinos lucha contra el sistema de apartheid que el Estado hebreo les impone.

La ceguera colectiva tiene probablemente como función primaria la de borrar los crímenes anteriores de Occidente. En efecto, fueron precisamente las “democracias” de Estados Unidos y de los países miembros de la Unión Europea quienes organizaron el derrocamiento del presidente electo ucraniano, Viktor Yanukovich, en 2014. Fueron también los representantes de las “democracias” occidentales de Alemania y Francia quienes firmaron, sin intenciones de aplicarlos –según confesaron después la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Francois Hollande–, los Acuerdos de Minsk, que debían garantizar la paz a los ucranianos del Donbass. Sólo al cabo de años, Merkel y Hollande reconocieron que su verdadero objetivo había sido ganar tiempo para armar a Ucrania. Según los términos consagrados por el Tribunal de Nuremberg esa flagrante violación de los compromisos internacionales contraídos es el más grave de todos los crímenes, el crimen «contra la paz».

Ha sido también la «mayor democracia del Medio Oriente», Israel, quien robó, metro a metro, mediante la ocupación militar y recurriendo a innumerables subterfugios, la mayor parte de los Territorios Palestinos reconocidos como tales en la resolución 181 del Consejo de Seguridad de la ONU, en 1947.

La ceguera colectiva de Occidente probablemente tiene también como función la de permitir que las naciones occidentales cometan nuevos crímenes. Por eso, no debe asombrarnos que Occidente se empeñe en tratar de hundir la economía rusa. Tampoco deben asombrarnos los discursos que llaman a la realización de una limpieza étnica en la Palestina geográfica y que promueven, en definitiva, la expulsión de un millón de palestinos.

El objetivo de estos conflictos no es el acaparamiento de recursos, sino la ocupación de territorios. Los nacionalistas integristas ucranianos de Dimitro Dontsov, siempre reclamaron, desde 1917, la posesión de la Novorossiya anarquista de Nestor Makhno, la región de Donbass y la Crimea bolchevique. Es cierto que el ucraniano Nikita Jrushov puso esos territorios bajo la administración de la Ucrania soviética, pero Kiev no puede invocar la historia reciente para reclamarlos.

Idénticamente, los sionistas revisionistas de Zeev Jabotinsky reclaman desde 1920 todo el territorio de Palestina, el Sinaí egipcio, Líbano, Jordania y Siria, o sea todos los territorios que se sitúan entre «el Nilo y el Éufrates». Si bien el antiguo reino de Jerusalén se componía de esa ciudad y sus alrededores, eso no les permite invocar la Historia para justificar sus conquistas contemporáneas.

Suele decirse que la pirámide de edad de la población determina la agresividad de los Estados. Los Estados cuya población se compone mayoritariamente de jóvenes de entre 15 y 30 años serían por naturaleza más propensos a la guerra. Pero Ucrania no está en ese caso, ni tampoco Israel. Por cierto es más bien Palestina, no Israel, quien debería ser más propensa a la guerra, según la teoría de la pirámide de edad de su población.

La cuestión ideológica es probablemente lo más importante. Dimitro Dontsov y su títere criminal, Stepan Bandera, dieron una dimensión épica a los nacionalistas integristas ucranianos, presentándolos como herederos de los vikingos suecos, los Varegos, supuestamente destinados a masacrar a los «moscovitas» para llegar a Valhalla. Actualmente, el «Fuhrer blanco», Andriy Biletsky, dirigió sucesivamente las tropas de la División Azov derrotadas en Mariupol, la 3ª brigada de asalto derrotada en Bajmut/Artemiovosk y, más recientemente, las fuerzas ucranianas derrotadas en Avdiivka. De la misma manera, Benyamin Netanyahu, cuyo padre fue secretario particular de Zeev Jabotinsky, no vacila en comparar a los palestinos con los antiguos amalecitas. Con ello implica que, en cumplimiento de las órdenes de Yahvé, es necesario exterminar a los palestinos, para impedir que esa raza resurja en contra de los hebreos. Al mismo tiempo, el ejército de Israel destruye sistemáticamente todas las universidades y escuelas de la franja de Gaza y ya ha masacrado 30 000 civiles, invocando la «lucha contra el Hamas» como pretexto.

En el pasado, el ucraniano Dimitro Dontsov estableció una alianza con Hitler, desde 1923, o sea antes de que este último alcanzara el poder. Dontsov se convirtió después en uno de los administradores del Instituto Reinhard Heydrich, que se ocupaba de la aplicación de la «Solución Final» a las poblaciones judía y gitana. El judío ucraniano Zeev Jabotinsky, fue aliado de Dontsov desde 1922, y en 1935 fundó la escuela de cuadros del Betar en Civitavecchi (Italia) con ayuda del Duce Benito Mussolini. Fallecido en 1940, Jabotinsky no llegó a desempeñar un gran papel en la Segunda Guerra Mundial. Pero las acciones de Jabotinsky, como las de Dontsov, no dejan lugar a dudas sobre la adhesión de los nacionalistas integristas ucranianos al nazismo ni sobre la adhesión de los sionistas revisionistas al fascismo.

También está presente la lógica territorial de los regímenes fascistas y nazis en el discurso actual del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, y en la retórica del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu. Mientras tanto el presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente palestino, Mahmud Abbas, resaltan la defensa de sus pueblos.

• Más información sobre el nacionalismo integrista de Dimitro Dontsov en
«¿Quiénes son los nacionalistas integristas ‎ucranianos?‎», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 17 de noviembre de 2022.
• Más información sobre los sionistas revisionistas de Zeev Jabotinsky en
«Cuando el velo se desgarra: las verdades ocultas, de Jabotinsky a Netanyahu», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 23 de enero de 2024;
y «La “Conferencia por la Victoria de Israel” realizada en Jerusalén, una amenaza para Londres y Washington», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 13 de febrero de 2024.

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Para Saber más 

TARCOTECA contrainfo: Represión Online: Lista Negra de las 200 Webs "Pro-Rusas" que el Gobierno Americano quiere clausurar. Fake-ONGs 23.12.2016

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Nueva Vieja Rusia. Decreto No. 809: Se sientan las bases de una Ideología Soberana – Alexander Dugin

El 'Decreto No. 809' es la propuesta de Rusia ante su Descenso, como ya se lo planteó Occidente en 2015 con la publicación de la Agenda 2030 en la ONU. Un modelo inexportable, que encierra a Rusia en sí misma y que la aleja del concepto de Hegemón.

No le deis vueltas, Dugin es un reaccionario que trabaja para sus élites, conservadurismo de derechas iliberal. Este texto es su retrato y expresa el sentir general de esta élite. Por lo tanto, la parte que se debe ajustar a esta nueva doctrina no son las élites, sino los pueblos. 

Desde su época de nazibolch siempre fue así, y no dejará de serlo. Inteligente, culto, y hábil, pero no deja de estar a sueldo de sus amos. Para ejemplo el siguiente proyecto civilizatorio.

Salud! PHkl/tctca
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Traducción al ingles de Lorenzo María Pacini, al castellano tarcoteca - Decree No. 809: The Foundations Of A Sovereign Ideology Are Laid – Alexander Dugin – Kolozeg.Org 1.12.2022

En su discurso de apertura de Valdai el 27 de octubre de 2022, el presidente ruso, Vladimir Putin, argumentó que:
“La amenaza directa al monopolio político, económico e ideológico de Occidente es que puedan surgir en el mundo modelos sociales alternativos”.

O aún más precisa y definitivamente:
“Estoy convencido de que la verdadera democracia en un mundo multipolar presupone ante todo la posibilidad de que cualquier pueblo, quiero enfatizar esto, cualquier sociedad, cualquier civilización elija su propio camino, su propio sistema sociopolítico”.

Si Estados Unidos y la Unión Europea tienen este derecho, seguramente los países asiáticos, los estados islámicos, las monarquías del Golfo Pérsico y los estados de otros continentes también lo tienen. Por supuesto, nuestro país, Rusia, también tiene este derecho, y nadie podrá jamás imponer a nuestro pueblo qué tipo de sociedad debemos construir y sobre qué principios.

Hoy, en Rusia, solo se trata de proponer un modelo social alternativo a la democracia liberal y construir nuestro propio sistema sociopolítico. Este paso muy constructivo debería ser el próximo paso en nuestra estrategia en el despliegue de la aguda guerra de civilizaciones.

El fundamento de este modelo social son necesariamente los valores tradicionales, que el Presidente promulgó como ley el 9 de noviembre de 2022 (Decreto N° 809). Esto es en lo que debería basarse dicho modelo.

Aquí hay una lista de valores tradicionales que son esencialmente nacionales en la actualidad. Estos son los cimientos de una ideología soberana que es, en cierto modo, obligatoria para todos los ciudadanos rusos.

Analicemos este código crucial del nuevo sistema operativo de la sociedad rusa con un poco más de detalle. Para citar el Decreto No. 809:

Los valores tradicionales incluyen:
1-vida,
2-dignidad,
3-derechos humanos y libertad,
4-patriotismo, ciudadanía, servicio a la patria y responsabilidad por su destino,
5-altos ideales morales
6-una familia fuerte,
7-trabajo constructivo,
8-espiritual sobre material
9-humanismo,
10-caridad,
11-justicia,
12-colectivismo, asistencia mutua y respeto,
13-memoria histórica y continuidad intergeneracional,
14-unidad de los pueblos de Rusia.

Estos 14 puntos deben ser considerados como los nodos significativos de la ideología soberanista. El Estado ha asumido la responsabilidad del 'estado de conciencia pública' y el 'modelo social', alternativo al occidental, se basará en estos 14 puntos. En cierto modo, se vuelven sacrosantas.

Los tres primeros puntos son comunes a la tradición rusa y a las ideologías liberales de Occidente.

Derecho a la vida.

El primer punto es reconocido como un valor tradicional por una amplia variedad de sociedades, tanto tradicionales como modernas. La vida de una persona se le confía solo a ella y otra persona no tiene derecho a quitarle la vida a su discreción. Además, en las sociedades religiosas el mismo acto de suicidio (y mucho menos el hecho de ser forzado a cometerlo) se considera un delito.

La única excepción es el Estado, que en determinadas circunstancias tiene derecho a disponer de la vida de sus ciudadanos, sancionando a los condenados por delitos probados o enviándolos a luchar en defensa de la patria. Pero si la vida es un valor tradicional, que debe ser preservado y fortalecido, el Estado debe tenerlo en cuenta incluso en casos extremos, mostrando clemencia a los delincuentes si es posible y protegiendo la vida de los guerreros y luchadores.

Dignidad.

El segundo punto afirma la dignidad natural del hombre, que debe ser reconocida y tenida en cuenta, tanto por la sociedad como por el Estado. Este valor también es común a las culturas religiosas ya las ideologías liberales modernas. [se le olvidó definir el concepto]

En la religión, la dignidad del hombre deriva de su lugar especial en la creación, donde se le coloca en la posición de representar a Dios ante el resto de la naturaleza y asumir la plena responsabilidad por ella. 

En el contexto secular, esta responsabilidad ante Dios desaparece, pero el lugar especial del hombre en la naturaleza permanece invariable. Solo en las teorías contemporáneas de ecología profunda y poshumanismo (así como en el posmodernismo y el realismo especulativo) se despoja al hombre de su dignidad y se lo ve como una amenaza para el medio ambiente.

Derechos humanos y libertad.

El tercer punto tampoco es diferente a los principios de las ideologías liberales, que también declaran los derechos humanos, a pesar de que son constantemente pisoteados y pisoteados en la práctica. La ideología no es una cuestión de práctica, sino de normas. En el caso de las normas, lo más importante no es si se respetan o no, sino lo que son en sí mismas, cuál es su contenido.

Con respecto a los tres primeros puntos, cabe destacar lo siguiente. Se podría pensar que todos ellos coinciden con la ideología liberal y, por tanto, no son alternativas a ella. Pero este no es el caso.

Como estamos hablando de ideología, los 14 puntos juntos tienen sentido. Y los primeros tres principios no deben ser considerados aisladamente, sino sobre la base de la totalidad de los catorce principios, sobre la base de los cuales adquieren su significado específico, peculiar a nuestra civilización y tradición. Y es a partir de la integridad de la comprensión de los catorce puntos que se revela una concepción rusa especial del hombre mismo.

Una persona se vuelve normativa cuando posee las 14 propiedades, que acepta como valor. Esto significa que los derechos y libertades se aplican a esta persona en su totalidad. Estos derechos y libertades deben interpretarse en el contexto de la historia rusa, la ley rusa y la verdad rusa. Y debe tenerse especialmente en cuenta la visión cristiana de la vida, la dignidad, el derecho y la libertad, que está en armonía con las posiciones de otras confesiones tradicionales.

Patriotismo, ciudadanía, servicio a la patria y responsabilidad por su destino.

El carácter alternativo de la civilización rusa se revela claramente en el cuarto punto: patriotismo, ciudadanía, servicio a la Patria y responsabilidad por su destino. Aquí nos enfrentamos a una actitud puramente rusa hacia el Estado como valor supremo

Antes de 1917, esto se reflejaba en la idea del carácter sagrado de la monarquía. Rusia era un imperio, heredó su estatus sagrado de Bizancio, y el zar ruso fue concebido como una figura titular, es decir, no solo política, sino también religiosa, que impedía la llegada del Anticristo al mundo. El patriotismo en Rusia se estaba convirtiendo así en parte en naturaleza religiosa: el servicio a la Patria y la responsabilidad por su destino era un esfuerzo espiritual.

Durante eras más seculares, y especialmente durante la era soviética, la interpretación del patriotismo varió, pero invariablemente siguió siendo la fuerza más importante que mantenía unidas a las personas y la sociedad. En consecuencia, un ataque a este valor, un insulto a los sentimientos patrióticos, una actitud irreverente hacia el Estado y los símbolos estatales se considera un desafío a la moral pública.

El patriotismo elevado a la categoría de valor ya contradice la ideología liberal basada en el cosmopolitismo y la creencia de que el progreso social consiste en la globalización, la abolición de los estados nacionales y la creación de un gobierno mundial. Este es el primer desafío claramente expresado a la ideología del Occidente colectivo, al que nos oponemos. A partir de entonces, todos los demás elementos de la lista de valores tradicionales solo fortalecerán la identidad de nuestra ideología soberana y la divergencia del liberalismo (así como la convergencia con otro tipo de sociedades iliberales) solo aumentará.

Altos ideales morales.

El quinto punto establece la prioridad del valor de la moralidad en la sociedad. Los ideales morales se enfatizan como "altos", lo que indica su carácter vertical. 

En la tradición rusa, el ideal supremo de la moralidad se consideraba la santidad, que nos recuerda el culto religioso de los santos, los ancianos, los mártires, que son modelos del hombre y de su conducta. Su papel en la educación moral debe ser restaurado. Otras confesiones tradicionales tienen sus propios ejemplos de santidad, que de ninguna manera contradicen la fe ortodoxa. 

En el contexto secular (especialmente durante el período soviético), el ideal moral más alto era visto como el héroe que valientemente se sacrifica por el bien común, el alma del hombre, dando a su prójimo lo último y sin escatimar esfuerzos para acercar el futuro brillante. .

Pero para la gente común de la sociedad rusa, siempre han existido ciertas normas de comportamiento, de trato a los demás, de actitudes éticas, cuyo incumplimiento se percibía como inmoral, un desafío y objeto de condena pública.

Aquí nuevamente, hay una marcada oposición al liberalismo. El liberalismo sólo reconoce la moralidad individual y considera cualquier ideal social como un ataque a la libertad del individuo. Este individualismo triunfó en Rusia tras el fin de la URSS, lo que provocó un declive sin precedentes de la moralidad social. El hecho de que los elevados ideales morales estén ahora consagrados como valores tradicionales debería cambiar radicalmente el clima moral de la sociedad.

Una familia fuerte.

Este sexto punto es de particular importancia en el contexto de la difusión de la ideología liberal, que niega el género, lo reemplaza con un género social artificialmente construido, legitima completamente el matrimonio homosexual y otras formas de perversión y, de hecho, abole la institución del familia como tal. Dado que la Constitución rusa sólo reconoce a la familia como tal en el caso de unión entre un hombre y una mujer, y dado que está legislada la propaganda homosexual, la declaración de la familia como valor ya presupone que se trata de un matrimonio entre un hombre y una mujer. mujer. Es obvio que el aborto e incluso el divorcio están moralmente condenados, ya que ninguno de los dos es señal de una familia fuerte. Una familia verdaderamente fuerte incluye niños y el cuidado de la generación anterior.

Este punto también está en contradicción directa con el liberalismo que, por el contrario, relativiza la familia en todas las formas posibles y apunta a su completa abolición.

La familia es más fuerte en un contexto religioso donde el matrimonio se trata como un sacramento, el divorcio se condena activamente y el aborto se considera un pecado.

Cualquier cosa puede pasar en la vida, pero es importante que la orientación hacia una familia fuerte prevalezca en la sociedad en su conjunto. Esto requiere la revisión de las políticas educativas, de formación y culturales. Al mismo tiempo, está en armonía con las medidas para salvar la situación demográfica del país.

Trabajo creativo.

El séptimo punto se refiere a un sistema ético ruso muy específico, en el que el trabajo se interpreta no como una obligación extenuante (aunque necesaria), no como un castigo, sino como un acto espiritual, como una transformación creativa del mundo. 

La declaración del trabajo como valor (y no simplemente como una necesidad material para la supervivencia) está reñida con la ideología liberal, que apuesta por el capital, las finanzas y la máxima ganancia, relegando al trabajo y a los trabajadores al fondo de la escala social.

En la historia rusa, el trabajo del campesino fue concebido como una forma de vida espiritualizada, inseparable de la familia, la religión, los rituales, la sociedad, el entorno natural y el mundo animal. Los filósofos rusos hablaron de la naturaleza litúrgica del trabajo campesino, de su dignidad casi religiosa.

El valor del trabajo social gratuito en la época soviética se enfatizó aún más. Tanto los eslavófilos rusos como los narodniki y los bolcheviques odiaban el capitalismo y sus vampiros, que se apropiaban del trabajo de los trabajadores y se enriquecían mediante la explotación y la especulación del mercado. El valor del trabajo enfrenta aún más a Rusia y nuestro sistema social natural contra el Occidente liberal. Pero para que este valor consagrado en la ley sea efectivo, también tendrá que cambiar mucho en la propia sociedad rusa, donde las actitudes, los paradigmas y las prácticas capitalistas fueron groseramente copiados en la década de 1990. Ahora bien, en la medida en que se oponen al valor del trabajo creativo, tienen la naturaleza de un parasitismo y una explotación descarados [con los discretos no hay problema], son cuanto menos reprobables. En efecto, este párrafo del Decreto No. 809 rechaza legalmente el sistema oligárquico.

Prioridad de lo espiritual sobre lo material.

El párrafo octavo del Decreto 809 es la culminación de la ideología soberanista, el corazón de su código. Esta disposición plantea un desafío radical al materialismo en su conjunto, es decir, a esa imagen del mundo que se basa en la primacía de la materia y la naturaleza derivativa del espíritu, el pensamiento y el alma

El materialismo en la ciencia se ha desarrollado en paralelo con la secularización de la sociedad, el rechazo de Dios, la Iglesia, la religión, los sacramentos, la creencia en la existencia póstuma del alma, el Juicio Final y la resurrección general de los muertos. Esto se llama el "proceso de secularización", "secularización", que se ha convertido en la base de toda una ideología occidental: el secularismo. Es el laicismo lo que Su Santidad el Patriarca Cirilo de Moscú y de Toda Rusia denunció en la última sesión del Consejo Mundial del Pueblo Ruso como la fuente de todos los problemas de nuestro tiempo. El secularismo es materialismo dogmático, introducido a la fuerza por las élites burguesas liberales tanto en las ciencias naturales como en las humanidades. Es en lo que se basan todas las ideologías occidentales modernas: el liberalismo (ahora ciertamente predominante a escala mundial), pero también el comunismo dogmático y el nacionalismo. Todos se basan en la prioridad de lo material sobre lo espiritual y reducen toda existencia, natural y social, a factores materiales.

El Decreto 809 declara una ruptura con el materialismo espiritual del occidente colectivo, incluso de raíz, en el ámbito de las causas y no sólo de los efectos, legislando lo contrario, es decir, la prioridad de lo espiritual sobre lo material. Todos los sistemas de valores prevalecientes en el Occidente moderno, y las superestructuras políticas, culturales, educativas y económicas basadas en ellos, son enteramente materialistas, utilitarios, apelando a la cantidad más que a la calidad, colocando los aspectos corporales inferiores de la existencia por encima de los aspectos espirituales superiores. unos. Incluso la visión occidental del individuo como base de la sociedad no es más que una aplicación del principio atomístico de la física al hombre. La democracia liberal, basada en el atomismo social y el materialismo, es precisamente la creación de un sistema político desde abajo.

Si en nuestro caso derribamos esta relación básica y juramos la prioridad de lo espiritual sobre lo material, que es propio de la ética rusa, de la tradición rusa, de la cultura rusa, sentaremos así las bases de nuestro propio modelo social, alternativo al de el oeste. Todo lo demás se puede deducir de este punto; es el punto clave más importante, central, en términos de ideología.

Humanismo.

El noveno punto también parece referirse a la ideología liberal y no contiene nada fundamentalmente ruso y alternativo. Sin embargo, incluso en este caso, no es tan simple. En primer lugar, entendemos este valor como el humanismo específico de la cultura rusa. Y este humanismo siempre ha incluido no sólo el cuerpo y la psique, sino también el alma y el núcleo moral del ser humano. El humanismo ruso respondía a aquellas ideas sobre el hombre que revelaban su profundidad, libertad moral, tragedia y sacrificio, y personalidad en diálogo continuo con Dios, el hombre y el mundo. Es un “humanismo máximo” intenso, muy diferente del individualismo liberal, que, por el contrario, busca liberar al individuo de todas las formas de identidad colectiva.

En segundo lugar, el Occidente moderno, que comenzó con el humanismo (aunque en su interpretación individualista), ha llegado a un punto en el que la abolición del individuo mismo está a la orden del día. Al buscar liberar al individuo de todas las formas de identidad colectiva -religiosa, de clase, nacional, de clase, de género-, Occidente se ha acercado mucho al transhumanismo, donde queda por liberar al hombre de su humanidad (human opcional). La singularidad como transferencia final del poder sobre la humanidad a una poderosa inteligencia artificial deriva lógicamente de todo el sistema de valores liberal y completa el camino ideológico de la civilización occidental. Nosotros, sin embargo, manteniéndonos fieles al humanismo, es decir, el hombre, en todo su volumen espiritual y moral existencial, desafiamos una vez más a Occidente y juramos por un vector de desarrollo diferente.

Misericordia.

En décimo lugar en la lista de valores tradicionales está la misericordia. Una vez más, estamos hablando del entorno profundo de la tradición religiosa rusa, donde la misericordia, la compasión, el cuidado de los débiles, los pobres, los enfermos, los desafortunados, los indigentes se consideraban aspectos integrales de una personalidad integral. El mismo reconocimiento de esta propiedad del alma como el valor más alto se deriva de la cultura rusa, que está profundamente alejada de la crueldad, la venganza, el egoísmo y el desprecio por los necesitados y los que sufren. Por supuesto, la misericordia es un sentimiento profundamente personal. Pero la sociedad, habiéndolo reconocido como un valor, muestra cómo tratarlo: respetándolo inmensamente, fomentándolo y cultivándolo de todas las formas posibles, convirtiéndolo en el eje más importante de la cultura y la educación.

La caridad es la antítesis directa del egoísmo promovido sistemáticamente por los liberales y la indiferencia hacia lo cercano y lo lejano.

Justicia.

Este undécimo punto resuena profundamente con nuestra tradición y cultura rusas, nuestra historia y nuestra historia política: el socialismo en Rusia se construyó sobre los principios de la justicia. Occidente suele oponer justicia y libertad, argumentando que el socialismo, al restringir la libertad en nombre de la justicia, condena a las personas a la pobreza y la escasez, mientras que el capitalismo, al rechazar por completo la justicia y cultivar el egoísmo, hace que la sociedad sea próspera y cómoda. Si se reconoce la justicia como un valor para Rusia, se rechaza por completo la lógica liberal lineal. Una sociedad justa no tiene por qué ser pobre; De manera similar, entre los países capitalistas de libre mercado, existen sociedades tanto prósperas como incómodas inundadas de pobreza y corrupción.

Rusia no puede pensar en sí misma sin justicia, que es el rasgo más importante de nuestra identidad social. Por lo tanto, este undécimo punto ya rechaza el dogmatismo capitalista y abre la posibilidad de explorar alternativas en ideologías no capitalistas, que no necesitan ser dogmáticamente marxistas. El término “socialismo” en sí mismo está lejos de ser obligatorio, pero el enfoque en la justicia supera el estatus dogmático del capitalismo como un orden político y económico particular, que Occidente considera sin alternativas, aunque este no sea el caso.

Colectivismo, Asistencia Mutua y Respeto Mutuo.

Este rasgo de la tradición rusa, propuesto como punto duodécimo, abarca los diferentes niveles del orden social de la vida rusa. Se refiere a la organización de la vida en la tierra, la forma de vida campesina, donde inicialmente primaba la comunidad rural, “el mundo”. Las obras industriales urbanas posteriores se construyeron exactamente sobre el mismo principio. La unidad mínima de la sociedad en Rusia era tradicionalmente una familia (colectivo primario), luego una familia numerosa, un clan y así sucesivamente hasta llegar a la comunidad (pueblo, aldea, etc.).

En el sistema eclesiástico, le correspondía el principio de sobornost’ [comunidad religiosa]. Cuando la gente se reunía, realizaban adoración, rituales y sacramentos. De nuevo, la unidad mínima era el colectivo, la parroquia.

La exaltación de la comunidad campesina por parte de los bolcheviques se transformó en el bolchevismo en el principio del colectivismo, que se extendió también a la clase obrera. Aquí también, sin embargo, fue la solidaridad, la ayuda mutua y el respeto entre los trabajadores lo que se elevó a un ideal moral. El colectivismo como prioridad de la ética social permaneció así invariable, a pesar de las diferencias en las ideologías formales.

La ideología soberana de la Rusia contemporánea no solo debería tener en cuenta todas estas formas históricas, sino también crear otras nuevas. Lo principal es anteponer la identidad colectiva a la individual. Sólo entonces el individuo encontrará su verdadero contenido y la vida será plena y significativa, ya que la identidad sólo se forma en el diálogo con los demás.

Memoria histórica y continuidad intergeneracional.

La decimotercera tesis en realidad eleva la identidad al estatus de valor. La identidad es memoria histórica y continuidad, lo que hace que un pueblo sea un pueblo, una sociedad una sociedad. Es imposible crear una nación a partir de un conjunto arbitrario de individuos atómicos (al contrario de lo que pretende la ideología liberal). Se crea a lo largo de los siglos, en el curso de un viaje difícil, a veces trágico y sacrificado a través de las pruebas de la historia. Cada generación aporta su propia identidad y la transmite a la siguiente. Así se crea la nación: a través de las acciones, la memoria y la continuidad en la realización de las ideas que iniciaron los antepasados. Cortar la conexión entre las generaciones y el individuo del contexto histórico es matar a la nación. Esto es exactamente a lo que conducen los globalistas y el Occidente colectivo. Y esto es contra lo que las naciones del mundo se están rebelando cada vez más. Si la identidad es un valor, entonces el proceso de continuidad, de transmisión de una imagen, incluida la del futuro, debe ser tratado con sumo cuidado.

La unidad de los pueblos de Rusia.

El decimocuarto punto es la afirmación de que, a pesar de su diversidad étnica, cultural, lingüística y religiosa, los pueblos de Rusia constituyen un todo orgánico. Y este todo es uno e indivisible. El pueblo ruso es el eje, el núcleo alrededor del cual se unen todos los demás. Pero lo especial de la cultura rusa es que no se impone a las demás, no extingue la diversidad en favor de un único modelo nacional, sino que preserva cuidadosamente la identidad de cada sociedad y apoya y ayuda a que cada cultura local se desarrolle. El hecho de que esto sea realmente un valor fue proclamado por primera vez por los filósofos euroasiáticos. En la URSS, el principio de la hermandad de las naciones se justificó de diferentes maneras, pero en general fue una combinación de unidad y diversidad en un todo sociocultural común y coherente. Esta unidad reflejaba el principio de un imperio que unía a diferentes pueblos y culturas más allá de cualquier nacionalismo, grande o pequeño.

Juntando todos los puntos del decreto No. 809, entonces, tenemos un marco para una ideología original y totalmente distintiva. 

Sus principales características, sin embargo, son las siguientes:
1-se aparta claramente de la democracia liberal, que el Occidente colectivo trata de imponer a toda la humanidad (para contener, para bloquear el libre desarrollo de otras civilizaciones – V. Putin en el discurso de Valdai) y representa un modelo alternativo de socio- sistema político;
2-sucede en la historia rusa en las constantes culturales e ideológicas (tanto en la sociedad tradicional como en de la era soviética);
3-que no coincide con ninguna de las ideologías anteriores, cada una de las cuales está históricamente limitada, pero ofrece una síntesis distintiva y original de lo más esencial en cada una;
4-invita a todos los ciudadanos rusos a construir libre y creativamente una sociedad verdaderamente justa, espiritual, honesta y moral, más allá de dogmas estrechos y axiomáticas artificiales; en cierto sentido, es una ideología abierta dirigida hacia el futuro;
5-revelando la esencia de los distintivos civilizatorios de Rusia, entra en diálogo con otras civilizaciones en el contexto de un orden multipolar ("El desarrollo debe avanzar precisamente en el diálogo de civilizaciones, basado en valores espirituales y morales". – Vladimir Putin en su discurso de Valdai).

En la difícil situación en la que se encuentra Rusia en medio de una operación militar especial que se ha convertido en un verdadero conflicto de civilizaciones, el Decreto N° 809 es el arma conceptual más importante, cuya trascendencia no puede ser subestimada. El Decreto ha sido redactado, firmado y adoptado. Solo queda una cosa por hacer: sacar las conclusiones apropiadas. Y tan pronto como sea posible.
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Para Saber más

Hiperinflación, Fascismo y Guerra: Cómo el Nuevo Orden Mundial puede ser derrotado una vez más 26.9.2020 The Vineyard of the Saker