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By Pablo Heraklio & cols. Tarcoteca @ riseup.net

sábado, 17 de agosto de 2013

Egipto: El pueblo Incapaz ante luchas de poder de Hermanos Musulmanes y Militares, 2500 muertos en las nuevas revueltas

Todavía hay personas que no comprenden qué sucede en Egipto, y cómo puede ser que tanto el ejército como los Hermanos Musulmanes, apoyados por estados unidos están ahora enfrentados. Esperamos que este artículo aporte algo de luz.

Egipto. El golpe saca a la superficie contradicciones fundamentales de nuestra época
Jesús Sánchez Rodríguez. kaosenlared.net
Egipto se desliza hacia la guerra civil tras el golpe militar y la actual sangrienta represión de los Hermanos Musulmanes, pero, además, saca a la superficie tres grandes contradicciones de nuestra época.
El golpe militar en Egipto sigue el guión de un golpe militar clásico con su estela de represión sangrienta y supresión de derechos y libertades y, como consecuencia, este país se desliza por una pendiente similar a la que siguió Argelia en los años 90 tras el golpe militar que suprimió la democracia para evitar la victoria electoral del FIS.
Tanto la oposición interior laica (liberal e izquierdista) e islamista (salafistas)  al gobierno de los Hermanos Musulmanes, como las potencias imperialistas habían sufrido el espejismo de un golpe militar “blando”, con un mínimo de represión y un retorno rápido a los procedimientos de las democracias liberales. Los sectores que se movilizaron a finales de junio contra el gobierno de Morsi habían sufrido la alucinación de creer que el ejército cumplía con sus deseos y obedecería a su voluntad.  Posiblemente todos aceptaban una especie de democracia tutelada en más o menos grado por los militares como precio por la supresión del islamismo de los Hermanos Musulmanes como factor político decisivo en Egipto.
Para que el espejismo se convirtiese en realidad hubiese sido necesario que una fuerza de la potencia de los Hermanos Musulmanes se hubiese resignado ante el golpe militar y hubiese aceptado no volver a representar ese factor político decisivo en Egipto, retirándose a la esfera religiosa y a la actividad asistencial entre las clases populares más pobres. Pero incluso para un observador lejano mínimamente informado era meridianamente claro que esta condición era imposible de cumplirse, tanto por la propia trayectoria de los Hermanos Musulmanes en Egipto como por el activismo político que caracteriza al islamismo actual en toda su área de influencia mundial.
La agudización de la represión a mediados de agosto contra la resistencia pacífica de los Hermanos Musulmanes además de deslizar a Egipto por la pendiente de la guerra civil va a agudizar las contradicciones en el seno de la oposición y del imperialismo, cuya primera muestra es la dimisión del vicepresidente y premio Nobel de la paz El Baradei.
Contradicciones que arrancan desde el mismo momento en que las urnas demostraron sistemáticamente la mayoría que apoya a los islamistas y que la oposición se negó igualmente de manera continua a reconocer. Con el golpe militar el peor de los escenarios quedó abierto en Egipto y, como decíamos en un artículo anterior, la revolución como avance progresista en el campo socioeconómico y de libertades y derechos puede darse por acabada.
Los acontecimientos egipcios sacan a la superficie tres cuestiones importantes.
- En primer lugar la existencia de una guerra civil en el seno del islamismo, no solamente por el enfrentamiento entre sunitas y chiitas - expresado a nivel estatal por la pugna entre Irán y Arabia, y a nivel social por los enfrentamientos sectarios como los de Irak o Pakistán – sino en el seno de los propios sunitas, como puede verse con el apoyo inicial de los salafistas egipcios al golpe militar o la inmediata y masiva ayuda económica de Arabia a la junta militar golpista.
- En segundo lugar se puede constatar las crecientes contradicciones del imperialismo en su política hacia el mundo árabe y el islamismo, contradicciones que vienen de lejos como cuando el apoyo de EE.UU. a los islamistas afganos contra la intervención soviética sentó las bases para la creación de Al Qaeda y el régimen talibán. Pero ahora, en el contexto de las rebeliones árabes iniciadas en Túnez, esas contradicciones se agudizan como se vio en Libia y se ve actualmente en Siria y Egipto. Su discurso sobre los derechos humanos y la democracia se ha vuelto absolutamente hipócrita a los oídos de los pueblos árabes con su apoyo a Arabia, el desastre creado en Irak, la política con Palestina y, ahora, su apoyo a los golpistas egipcios. Y su política práctica acusa estas contradicciones llevando al imperialismo a errores e indecisiones de largas consecuencias, con desastres diversos en cada una de sus intervenciones, como en Somalia, Libia, Irak, Afganistán, Siria y ahora Egipto. Esta situación bien podría ser un síntoma de la pérdida del papel hegemónico de EE.UU. en el mundo, de la declinación de su poder imperial. Porque la característica esencial de la hegemonía imperial es la capacidad - por si sola o estableciendo alianzas - de mantener un cierto orden en el mundo. Y justamente en el mundo islámico la intervención imperialista crea un desorden creciente.
- En tercer lugar, los acontecimientos egipcios ponen también sobre el tapete un viejo problema que recorrió y recorre las estrategias transformadoras de la izquierda y que ahora se expresa en clave islamista. Nos referimos a la conflictiva relación entre programas de transformación radical de la sociedad y procedimientos democráticos.
En las circunstancias actuales – una sociedad dividida en torno a proyectos fundamentales de sociedad - el dilema que se les plantea a los islamistas es si teniendo una mayoría social reconocida en las urnas de manera sistemática y un proyecto claro de sociedad, la islamización de la misma, ¿los procedimientos democráticos son suficientes para alcanzar ese proyecto? Pero a un nivel más profundo aún, la pregunta sería, existiendo una minoría que no acepta ese proyecto (pongamos entre un 30% o un 40% en Egipto) ¿se puede imponer dicho proyecto de manera democrática (Asamblea Constituyente y Constitución)?, y si no se impone, ¿no está imponiendo la minoría el suyo?
La sospecha que nos trasmite la historia es la de que, en presencia de proyectos diferentes y enfrentados de sociedad, el enfrentamiento de éstos termina desbordando los cauces democráticos, que solo funcionan en tanto se mantenga un amplio consenso sobre los valores fundamentales. Otra discusión que no abordaremos aquí es la manera de conseguir y mantener dicho consenso.
Conclusiones
Las revueltas son multifactoriales pero se destaca la pérdida de hegemonía americana, una dictadura que se desea perpetuar y no dudará en tomar cualquier decisión que haga falta, incluido el asesinato, tensiones religiosas dentro de los Hermanos Musulmanes y tensiones políticas entre derecha e izquierda como principales causas. Todo ello imbuido en un ambiente de revueltas que fueron consecuencia de un contexto económico de crisis global, político de corrupción local y represión y social de tensiones religiosas.

Los militares, dictadura
Apoyados tradicionalmente por Estados Unidos, 1500 mill $ anuales más armas, y Arabia Saudí. Su fin es perpetuarse en el poder mediante el gobiernos títere: regímenes maquillados de democráticos aceptados en los foros internacionales. 
- Primero lograron mantener su poder por medio de un gobierno títere representado por Hosnik Mubarak durante más de 30 años. 
- Comenzaron las revueltas, y para calmarlas la dictadura representada por Mubarak se transformó en dictablanda, representada por Morsi, no menos títere. Morsi, lider de los Hermanos Musulmanes, también apoyado por Estados Unidos. La oposición izquierdista y la desestabilidad interna de su partido impidieron que su poder fuese efectivo. 
- Perdió apoyos y los militares dieron un nuevo Golpe de Estado 3.7.2013 acaparando en el poder directo desde entonces.


Los Hermanos Musulmanes, traicionados por el ejército, reclaman el poder
Partido político de coalición religiosa son los representantes de la derecha tradicional, llegan al poder por medio del pucherazo orquestado por el ejército y salieron de él gracias al golpe organizado por el mismo, lo cual no es aceptado ni por la izquierda ni por parte de su electorado, continuando las protestas. Por su propia condición es inestable, ya que se encuentran divididos en posturas irreconciliables entre chiís, suníes y estos en salafistas. Después de la traición del ejército con el golpe de estado parte de sus propios seguidores participan en las nuevas revueltas, sufriendo la represión que reagudiza la división en el seno del partido. Se llega al punto de ruptura dentro del este, de modo que el ejército vuelve sus armas contra las facciones opositoras al gobierno indiscriminadamente a pesar de contar con integrantes de Hermanos.

La oposición, entre la sumisión y la revolución
Amalgama formada por la izquierda laica y los Hermanos Musulmanes que desean un gobierno sin la manipulación del ejército. Pero no consigue el consenso en cuanto los medio. Mientras los dirigentes de los Hermanos disconformes piden serenidad y sosiego, esperando que la negociación política de frutos,  la izquierda enarbola soflamas revolucionarias. 

Las protestas, todos contra el ejército
La magnitud del movimiento toma un nuevo cariz, al sumarse la oposición al gobierno, la oposición al ejército y los partidarios del gobierno expulsado y . Todos contra el ejército. Éste toma la iniciativa intentado disolverlas de una vez por todas por medio del asesinato de más de 2.500 personas. La pérdida del apoyo verbal de su aliado tradicional Estas Unidos no impide que le lleguen los suministros habituales de armas, incluidas las españolas (resumen de ventas aquí).

El pueblo, incapaz de deshacerse del yugo opresor y parasitario
Influido por la religión y los medios de comunicación, es incapaz de dar un paso a delante y tomar las riendas de su destino. Incapaz de deshacerse del yugo opresor y parasitario de un ejército todopoderoso, paralizado por la creencia en los frutos de una actividad política completamente corrompida y estéril, pero acuciados por unas necesidades básicas insatisfechas, sabe que es mejor morir tirando piedras que en casa de hambre o enfermedad. Nada que perder.

Ni lucha entre pueblos ni paz entre clases, buena suerte al pueblo egipcio, la necesitará.

4 comentarios:

  1. Gracias por la info, me aclara muchas cosas.

    Salud!

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  2. He de decir que antes del artículo tenía un poco de lío. Me agrada que haya aclarado ideas.
    Salud!

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  3. Mientras el pueblo no se constituya a sí mismo al margen del poder, sea éste militar, teocrático o plutocrático, no alcanzará su plena soberanía. Hace bien poco, el pueblo egipcio celebraba unido la caída de una larga dictadura. Tras ésta, el poder comenzó a reorganizarse en torno a la religión, y tras la caída de un gobierno de clara tendencia teocrática, el pueblo vitoreaba en las calles el paso de los tanques.

    El pueblo egipcio está pues dividido, y un pueblo sin una clara conciencia de clase, que frente al enemigo común no anteponga la solidaridad a cualquier otro imperativo, sea de la índole que sea, es un pueblo condenado de antemano a la esclavitud, pues a ella será conducido ya sea por el militar, por el clérigo, por el banquero o por los tres a la vez.

    L@s oprimid@s han de tomar conciencia de ello, no sólo mediante la necesaria crítica al poder, sino, fundamentalmente, por una autocrítica y un análisis profundo de los errores cometidos. Túnez, Libia, Turquía, Siria... Hay materia reciente y suficiente para la reflexión en el sentido antes apuntado y, o se lleva a cabo esa reflexión y se actúa en consecuencia, o el fratricidio entre teístas y militaristas volverá a ponerlos a todos, es decir al pueblo, a los pies del caballo del poder.

    Salud, conciencia y anarquía!

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    Respuestas
    1. El pueblo islámico, que no árabe, a diferencia del occidental, no cree en la libertad. El mero hecho de pensar que una persona "puede hacer lo que quiera" les repugna. Para ellos seguir la ley coránica, una ley superior, dada por un dios, inmutable, que no entiende de políticas, es la garantía del orden político, económico y social.
      Entonces ¿qué se puede esperar de un pueblo que desea pasar de un yugo a otro? No se ven evidencias de un proceso realmente emancipador. Las revueltas tienen muy mala pinta.
      Salud y lucha!

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